Jeunes Napolitaines
Bodinier, Guillermo (1795-1872)
óleo sobre lienzo
El cuadro Jeunes Napolitaines, fechado en 1835, se inscribe en una corriente muy característica de la pintura europea del primer tercio del siglo XIX: el interés por las escenas de género ambientadas en el sur de Italia, y en particular en Nápoles, que era percibida por los artistas y viajeros del norte como un espacio de autenticidad popular, tradición viva y fuerte identidad cultural. La escena presenta a dos jóvenes mujeres napolitanas en un entorno exterior sereno, casi intemporal de la vida popular, alejada de los conflictos sociales reales de la época.
En la década de 1830, Nápoles formaba parte del Reino de las Dos Sicilias y era una de las ciudades más pobladas de Europa, con profundas desigualdades sociales. Sin embargo, Bodinier no se interesa por la pobreza ni por la dureza de la vida cotidiana, sino por una imagen armoniosa y dignificada del pueblo, especialmente de las mujeres jóvenes, presentadas como portadoras de tradición, belleza natural y afectividad. La actitud íntima entre las dos figuras, el gesto protector de una y la confianza de la otra, construyen una escena de cercanía emocional que responde más a un ideal cultural que a una observación estrictamente documental.
Guillaume Bodinier, pintor francés formado en el ámbito académico y activo durante muchos años en Italia, desarrolló gran parte de su carrera en Nápoles. Su obra se sitúa entre el neoclasicismo tardío y el romanticismo, combinando un dibujo cuidado y una composición equilibrada con un interés creciente por el color, el traje regional y la expresión sentimental. Bodinier formó parte de ese grupo de artistas extranjeros que encontraron en Italia un repertorio de temas históricos, muy apreciado por los coleccionistas europeos. Su conocimiento directo del entorno napolitano le permitió dotar a sus escenas de una verosimilitud en los detalles, aunque siempre filtrada por una sensibilidad idealizadora.
La presencia de los instrumentos musicales es clave en la lectura cultural del cuadro. La joven situada a la izquierda sostiene un pandero o tamburello, instrumento tradicional del sur de Italia, estrechamente vinculado a la música y a la danza populares. En el imaginario europeo del siglo XIX, estos instrumentos evocaban espontaneidad, alegría y una relación directa con el cuerpo y la emoción.
La joven situada a la derecha aparece en una postura estable y protectora, con el cuerpo ligeramente girado hacia la espectadora y el brazo envolviendo a su compañera. En su mano visible, apoyada con naturalidad sobre la piedra, se distinguen las castañuelas, tratadas con discreción pero con suficiente detalle como para ser reconocibles. Su colocación es reveladora: no están en uso, no se está bailando ni tocando música en ese instante, lo que sugiere un momento de pausa entre actividades festivas o cotidianas.
Le castagnette, asociadas a la danza popular y, en particular, a las tradiciones del sur de Italia, remiten a una cultura transmitida corporalmente, ligada al ritmo, al movimiento y a la vida comunitaria.