Ciego que toca la Chinfonía
Pigal, E. J.
Litografía coloreada por White
La obra puede situarse en el primer tercio del siglo XIX, en torno a las décadas de 1830 y 1840, dentro del Romanticismo costumbrista que encontró en la litografía un medio ideal para difundir escenas de la vida popular. Este tipo de imágenes, a menudo acompañadas de textos en francés y español, estaban pensadas tanto para el público local como para el extranjero, interesado en conocer los “tipos” característicos de Madrid.
El entorno social que se representa es el de las clases populares urbanas. El protagonista es un músico ciego ambulante, figura habitual en el Madrid decimonónico, que sobrevive gracias a la música y al espectáculo callejero. La presencia del niño y de los perros amaestrados remite a una economía de subsistencia en la que la mendicidad, la calle y la improvisación eran el marco cotidiano. Bajo una apariencia pintoresca y casi amable, la escena deja entrever una realidad marcada por la pobreza y la exclusión social, muy acorde con la mirada romántica sobre lo marginal.
En este contexto adquiere especial relevancia el niño que acompaña al músico, tocando las castañuelas. Este detalle refuerza el carácter plenamente popular de la escena y funciona como un claro marcador de identidad cultural española, asociado al ritmo, al baile y a la música tradicional. Al mismo tiempo, subraya la normalización del trabajo infantil, ya que el niño no es un mero acompañante, sino un participante activo en la actuación, aprendiendo el oficio y contribuyendo al sustento común. Las castañuelas aportan dinamismo y sonoridad, y conectan la imagen con el imaginario folklórico que tanto atraía al público romántico, especialmente al extranjero.

