Danza campestre con cornamusa e nacchere
Il chiostro maiolicato di Santa Chiara a Napoli
Giuseppe e Donato Massa
Il chiostro maiolicato di Santa Chiara a Napoli
Giuseppe e Donato Massa
La escena pertenece al claustro mayolicado del monasterio de Santa Chiara de Nápoles, uno de los conjuntos decorativos más notables del siglo XVIII napolitano. Ejecutado entre 1739 y 1742 bajo la dirección de Domenico Antonio Vaccaro, y pintado por Giuseppe y Donato Massa, el programa iconográfico del claustro responde a una voluntad clara de exaltar la vida terrenal, la naturaleza y las costumbres populares, en un espacio monástico destinado, paradójicamente, al recogimiento y la contemplación.
Las escenas pintadas sobre los bancos y paramentos cerámicos ilustran imágenes idealizadas de la vida cotidiana, del mundo rural y de la sociabilidad popular. Este desplazamiento temático es característico del barroco tardío napolitano, donde lo profano, lo festivo y lo pintoresco se integran sin conflicto en ámbitos religiosos.
La escena muestra un grupo campesino en un contexto de ocio colectivo: comida, bebida, música y danza al aire libre. No se trata de una representación realista en sentido estricto, sino de una visión arcádica y ordenada del mundo popular, donde la pobreza se sublima en alegría, ritmo y convivencia. Este tipo de imágenes responde a una mirada urbana y aristocrática sobre el campesinado, concebido como depositario de una vitalidad “natural” y no corrompida.
Los personajes aparecen descalzos o con vestimenta sencilla, en actitudes relajadas y comunicativas. La danza actúa como eje articulador de la escena, integrando a músicos, bailarines y espectadores en un mismo espacio social.
La música es aquí un principio organizador de la acción. El músico que toca un cordófono de gran caja —frecuentemente identificado con la chitarra battente, instrumento fundamental del ámbito popular del sur de Italia— marca el pulso rítmico y armónico. Su presencia subraya el carácter comunitario de la celebración: la música se hace para ser compartida, bailada y vivida colectivamente.
El gesto del intérprete, con el cuerpo inclinado y la pierna adelantada, transmite movimiento y energía, estableciendo un diálogo visual con la bailarina central.
La figura femenina que danza ocupa el centro simbólico de la composición. Su postura —brazo alzado, cuerpo girado, falda en movimiento— remite a formas coreográficas populares del sur italiano, a menudo asociadas a la tarantela. En su mano sostiene castañuelas, instrumento que introduce un matiz especialmente significativo.
Aunque la tarantela se asocia de manera predominante al tamburello, la presencia de castañuelas en esta escena evidencia la pluralidad organológica de la danza popular napolitana y la permeabilidad cultural del Mediterráneo. Bajo dominio español durante largos periodos, Nápoles incorporó y reinterpretó instrumentos de percusión manual de amplia difusión, integrándolos en prácticas locales.
Esta escena del claustro de Santa Chiara constituye un testimonio iconográfico de primer orden sobre la integración de música, danza y sociabilidad en la cultura popular napolitana del siglo XVIII. Las castañuelas, lejos de ser un elemento anecdótico, participan activamente en la construcción visual y simbólica de la fiesta campesina, subrayando la importancia de los idiófonos de percusión manual en el imaginario musical mediterráneo.