Maja bailando
de la Vega Marrugal, José
La pintura Maja bailando, fechable hacia 1850 y atribuida a José de la Vega Marrugal, se inscribe en el Romanticismo español de mediados del siglo XIX, en un momento en que la figura de la maja se consolida como icono identitario y costumbrista, tanto dentro como fuera de España.
La escena representa a una joven bailarina, captada en pleno movimiento, con el cuerpo ligeramente girado, un brazo elevado y el otro dispuesto a acompañar el ritmo. El vestuario —rico en encajes, bordados dorados y contrastes cromáticos— remite a una estilización cortesana del traje popular, más cercana al escenario y al salón que a la calle. La figura principal aparece acompañada, al fondo, por dos mujeres elegantemente vestidas, que actúan como espectadoras y refuerzan el carácter social del baile.
La obra refleja un contexto burgués y urbano, propio de los espacios de sociabilidad del siglo XIX: salones privados, teatros domésticos o veladas donde el baile “a la española” funcionaba como espectáculo refinado y signo de distinción. La maja que aquí se presenta no es la figura marginal o popular del siglo anterior, sino una construcción idealizada, aceptable y admirada por la burguesía, convertida en emblema de una españolidad pintoresca pero domesticada.
Este tipo de representación responde también a la demanda extranjera —especialmente francesa e inglesa— de escenas de sabor local, donde el baile, el traje y los gestos codificados funcionan como marcadores culturales reconocibles.
Las castañuelas, aunque no siempre claramente visibles en todas las reproducciones, se presuponen como parte inseparable del gesto y de la coreografía representada. La posición de las manos, la elevación del brazo y la tensión del movimiento remiten inequívocamente al baile acompañado por idiófonos de entrechoque manual, ya plenamente identificados en el imaginario del siglo XIX como instrumento “nacional”.
En este contexto, las castañuelas dejan de ser un simple utensilio rítmico popular para convertirse en un atributo simbólico del baile español, asociado a la gracia femenina, la destreza técnica y la tradición.
Desde el punto de vista iconográfico, la obra se suma a un amplio corpus de imágenes decimonónicas en las que las castañuelas actúan como elemento definitorio de la escena: no tanto como objeto protagonista, sino como signo identitario que permite al espectador reconocer de inmediato el género, el origen cultural y el carácter del baile.

