miércoles, 24 de junio de 2026

No Castanets. Caryl Brahms. 1963. Novela



No Castanets es una novela histórica de tono satírico escrita por la autora británica Caryl Brahms. La obra mezcla hechos históricos reales con humor, ironía y elementos novelescos para narrar las aventuras y desventuras de la corte portuguesa durante las Guerras Napoleónicas.

La historia comienza en 1807, cuando las tropas de Napoleón Bonaparte avanzan sobre Portugal. Ante la inminente invasión, la familia real portuguesa de los Braganza decide abandonar Lisboa y trasladarse a Brasil bajo la protección de la flota británica. La evacuación es presentada de forma caricaturesca y caótica: nobles, clérigos, funcionarios, sirvientes y toneladas de equipaje intentan embarcar apresuradamente mientras la población contempla cómo sus gobernantes abandonan el país.

Entre los personajes centrales destacan el indeciso príncipe regente Dom João (futuro rey João VI), la ambiciosa e intrigante Carlota Joaquina —esposa del regente e hija de la casa real española—, el diplomático británico Lord Strangford y el joven oficial inglés Dysart Woodley. La autora utiliza estas figuras para satirizar las debilidades humanas, los juegos de poder cortesanos y las relaciones entre Portugal, España, Francia e Inglaterra.

Una vez iniciada la travesía atlántica, la novela sigue las peripecias de la corte exiliada. El viaje resulta mucho más duro de lo esperado: tormentas, incomodidades, mareos, pérdidas de equipaje y conflictos personales convierten la travesía en una auténtica odisea. Carlota Joaquina, por ejemplo, descubre con horror que gran parte de su vestuario y pertenencias ha quedado abandonado en Lisboa, una desgracia que para ella parece casi tan grave como la amenaza napoleónica.

Aunque el título hace referencia a las castañuelas, estas aparecen más como símbolo del ambiente hispano-portugués que como tema principal. La música, los bailes, los fandangos y las castañuelas sirven para caracterizar la vida cortesana y el temperamento de algunos personajes. Incluso aparece la famosa observación del almirante británico: «No castanets; they'll never click» (“No castañuelas; nunca tendrán éxito”), juego de palabras que da origen al título de la novela.

En conjunto, la obra no es una historia de las castañuelas, sino una novela histórica humorística sobre el traslado de la corte portuguesa a Brasil y las complejas relaciones políticas y familiares de los Braganza. Brahms combina una documentación histórica considerable con un estilo ligero, irónico y muy británico, convirtiendo un episodio decisivo de la historia luso-brasileña en una comedia de costumbres llena de personajes extravagantes.

Para un investigador de las castañuelas, el libro resulta valioso porque contiene numerosas referencias al uso de castañuelas, fandangos, boleros y danzas cortesanas en los ambientes aristocráticos hispano-portugueses de comienzos del siglo XIX. Sin embargo, estas referencias son literarias y ambientales, no organológicas, por lo que deben utilizarse con cautela como fuente histórica.







jueves, 4 de junio de 2026

S:XVIII. Scena con musici popolari.


S.XVIII
Scena con musici popolani
Vizzini, Gaspare
74 X 1 00 cm







La pintura atribuida a Gaspare Vizzini, activo entre Nápoles y Sicilia a finales del siglo XVIII, nos sitúa ante una animada escena musical en la que varios personajes comparten un momento de diversión y entretenimiento. Aunque no disponemos de mucha información sobre la vida del pintor, la obra encaja perfectamente dentro de la tradición de la pintura de género tan apreciada en la Italia de la época, donde era frecuente representar escenas cotidianas protagonizadas por músicos, bailarines y personajes populares.


Lo primero que llama la atención es el ambiente cercano y espontáneo que transmite la composición. Los personajes aparecen muy próximos entre sí, intercambiando miradas y gestos que sugieren complicidad y participación en una actividad común. 
Entre los instrumentos representados se distingue claramente un violín, sostenido por una de las figuras situadas al fondo. También aparece un pandero de gran tamaño, reconocible por su aro circular y por las sonajas metálicas insertadas en el marco. Ambos instrumentos eran habituales en muchas prácticas musicales de la Europa mediterránea y solían acompañar cantos y danzas.


Sin embargo, el elemento más interesante desde el punto de vista organológico es el instrumento que toca el personaje situado a la derecha. En sus manos pueden verse unas castañuelas perfectamente reconocibles. La pintura permite apreciar dos piezas cóncavas unidas por un cordón, una característica esencial de las castañuelas modernas. Además, la forma en que las sostiene y las hace sonar coincide con la técnica asociada a este instrumento.



Este detalle tiene especial interés porque nos encontramos ya en una época en la que las castañuelas están plenamente definidas como instrumento musical. A diferencia de muchas representaciones medievales, donde aparecen distintos tipos de tablillas de entrechoque cuya relación con las castañuelas modernas no puede establecerse de forma directa, aquí vemos un instrumento cuya identificación no ofrece dudas.

La escena también nos ayuda a comprender el papel social de las castañuelas en el siglo XVIII. No aparecen aisladas, sino formando parte de un pequeño conjunto musical junto al violín y el pandero. Todo ello sugiere un contexto ligado a la diversión, la sociabilidad y posiblemente al acompañamiento de la danza, actividades muy presentes en la vida cotidiana de la época.







martes, 2 de junio de 2026

Artesanos. J. M. De Bustos Rodríguez. Salamanca.

 
J. M. De Bustos Rodríguez.
Salamanca
1965
Contacto:
639265716
 jmdebustos@gmail.com
Marca las piezas con una B



Piezas :














































viernes, 22 de mayo de 2026


1790
El bolero
Demachy, Pierre-Antoine
Aguafuerte
170 x 240 cm





La estampa El bolero, atribuida a Pierre-Antoine Demachy y conservada en una copia anónima iluminada a mano de 1790, constituye un testimonio muy interesante de la fascinación que despertaban los bailes españoles en la Europa de finales del siglo XVIII. La escena muestra una pareja ejecutando un bolero en plena “primera postura en la acción de dar la vuelta”, tal como indica la inscripción inferior. No se trata de una representación improvisada o popular en sentido estricto, sino de una imagen cuidadosamente construida para presentar el baile español como un espectáculo elegante, refinado y característico de la identidad nacional.


Pierre-Antoine Demachy fue un pintor y grabador francés conocido sobre todo por sus vistas arquitectónicas y escenas teatrales. Aunque no fue especialista en temas españoles, trabajó en un contexto artístico europeo donde existía un enorme interés por las danzas y costumbres de España. En esos años, el bolero comenzaba a difundirse fuera del ámbito español y era percibido como una danza llena de gracia, vivacidad y exotismo. La propia inscripción de la estampa lo deja claro cuando afirma que el bolero es “natural regocijo de nuestra España”, una fórmula que une el baile con una idea de identidad nacional y alegría colectiva.


La composición está organizada como una escena escénica. Los bailarines ocupan el centro y aparecen rodeados de músicos y espectadores. La postura de ambos danzantes revela el carácter técnico y contenido del bolero del siglo XVIII, muy distinto de algunas imágenes modernas asociadas al flamenco. El movimiento no es violento ni arrebatado, sino elegante, medido y cortesano. El bolero surgió precisamente en ese ambiente, a medio camino entre la danza popular y la escuela académica de baile, y llegó a convertirse en una de las formas más representativas de la llamada Escuela Bolera.

Uno de los aspectos más relevantes de la imagen es la presencia de las castañuelas en manos de los bailarines. Aquí aparecen claramente integradas en la práctica del bolero y no como un simple accesorio decorativo. A finales del siglo XVIII, el uso de castañuelas en el bolero estaba ya plenamente consolidado y formaba parte esencial de la técnica del baile. El instrumento no solo marcaba el ritmo, sino que contribuía a la expresividad corporal y al diálogo entre música y movimiento. En la Escuela Bolera, las castañuelas adquirieron una gran sofisticación técnica y pasaron a formar parte inseparable de la formación de los bailarines.

La estampa es especialmente interesante porque documenta un momento histórico en el que las castañuelas ya aparecen asociadas de forma clara a la danza española escénica. Esto tiene importancia organológica e histórica, ya que permite distinguir estas prácticas dieciochescas de otros idiófonos de entrechoque anteriores representados en la iconografía medieval, que no pueden identificarse automáticamente como castañuelas en el sentido moderno. En El bolero vemos ya un contexto plenamente reconocible de baile bolero, acompañado por instrumentos de cuerda y por el toque coordinado de las castañuelas, dentro de una estética que anticipa gran parte de la imagen internacional de la danza española en los siglos posteriores.








jueves, 21 de mayo de 2026

s. XIX. El baile de la tarantella.

 
s.XIX 
El baile de la tarantella 
Dalbono, Edoardo (1841-1915)
óleo sobre lienzo
62 x 95 cm





La obra El baile de la tarantela muestra una escena festiva al aire libre bajo una parra. Edoardo Dalbono fue un pintor interesado en escenas populares del sur de Italia y en los efectos de luz natural. Aquí representa un momento de música y danza colectiva con una composición abierta y luminosa.

La escena gira en torno al baile de la tarantela, una danza popular italiana de ritmo vivo. Los personajes se agrupan alrededor de los bailarines mientras algunos acompañan la música. La mujer vestida de blanco ocupa el centro de la escena y el muchacho arrodillado de espaldas introduce el movimiento principal del cuadro. Su postura inclinada y el gesto de los brazos sugieren el ritmo rápido de la danza.


El muchacho lleva castañuelas. Dalbono las representa como parte del propio movimiento del bailarín. No aparecen como un simple detalle decorativo, sino como un instrumento ligado al gesto corporal y al compás del baile. El sonido seco y repetido de las castañuelas encaja con el carácter rítmico de la tarantela y refuerza la sensación de movimiento que atraviesa toda la pintura.


También aparecen otros instrumentos. A la derecha se ve un músico tocando una flauta y varias figuras sostienen panderos o panderetas. Todos estos elementos musicales contribuyen a crear una escena popular y festiva. La pintura transmite la impresión de un instante vivido, donde música, danza y reunión social forman una misma acción.







sábado, 9 de mayo de 2026

1830. Fandango.

 
1830
Fandango
Giscard
18 x 24 cm








La imagen representa una escena de baile titulada Fandango, realizada hacia 1830 por Giscard. Se trata de una estampa de carácter costumbrista, muy vinculada al interés europeo por los tipos populares españoles durante las primeras décadas del siglo XIX. En esos años, España despertaba una fuerte fascinación romántica entre viajeros, ilustradores y editores franceses e ingleses, que veían el país como un territorio pintoresco, todavía asociado a tradiciones populares consideradas exóticas, apasionadas y antiguas.

La obra muestra a una pareja ejecutando un fandango al aire libre. La composición insiste en el movimiento y en la elegancia corporal más que en el detalle psicológico de los personajes. Ambos bailarines aparecen captados en un momento de giro y elevación de brazos, creando una sensación de ritmo visual muy propia de las estampas de danza de la época. El paisaje apenas es esbozado, porque el verdadero protagonismo recae en la acción coreográfica y en la indumentaria popular.

El vestuario responde al gusto romántico por el “majismo” y por las escenas españolas idealizadas. La mujer lleva vestido de vuelo amplio y adornos de color, mientras el hombre aparece con traje ajustado y faja roja, elementos que en la iconografía europea se asociaban rápidamente con Andalucía y con los bailes nacionales españoles. Este tipo de imágenes circularon ampliamente en álbumes de trajes, colecciones de costumbres y publicaciones destinadas a viajeros cultos.


El fandango era ya entonces uno de los bailes españoles más conocidos internacionalmente. Desde el siglo XVIII había adquirido enorme fama en teatros, salones y descripciones de viajeros, hasta convertirse en una especie de emblema musical español. Su carácter vivo, el juego entre los bailarines y el acompañamiento rítmico lo diferenciaban de otras danzas europeas más ceremoniosas. 

Aunque el dibujo es pequeño, se aprecia claramente que ambos bailarines levantan las manos sosteniendo instrumentos de percusión. El gesto elevado de brazos y la posición de los dedos corresponden al toque de castañuelas durante el baile. En el fandango, las castañuelas no eran un mero acompañamiento decorativo, sino una prolongación rítmica del movimiento corporal. El sonido seco y entrechocado de los palillos marcaba acentos, reforzaba el zapateado y ayudaba a construir el diálogo coreográfico entre hombre y mujer.

Durante el siglo XIX las castañuelas se consolidaron como uno de los grandes símbolos musicales españoles en la iconografía europea. Artistas y viajeros las incorporaban constantemente a escenas de boleros, seguidillas y fandangos porque sintetizaban visualmente la idea de ritmo, exotismo y danza nacional. En muchas estampas románticas, como esta, el instrumento aparece casi inseparable de la identidad española popular.

La imagen también refleja un cambio social importante: el paso de ciertos bailes populares desde contextos festivos y teatrales hacia una representación artística destinada al consumo burgués europeo. El fandango, originalmente ligado a ambientes populares y festivos, terminó convertido en tema habitual de colecciones ilustradas, espectáculos escénicos y publicaciones de viaje. Así, la danza y las castañuelas dejaron de ser solo una práctica musical para transformarse también en un símbolo cultural exportable de España.







viernes, 8 de mayo de 2026

La castañeta repentina de La Pícara Justina.

 
Música, doble sentido y cultura popular en el Siglo de Oro

Publicada en 1605, La pícara Justina destaca por su lenguaje lleno de juegos de palabras, dobles sentidos y humor carnavalesco. En ese ambiente aparecen las “castañetas” como instrumento musical y metáfora sonora y corporal con evidente intención escatológica y festiva.


miércoles, 6 de mayo de 2026

S.XVII. Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan.


S.XVII
Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan.
Autor desconocido
Escuela madrileña





La pintura muestra una escena amplia y muy viva de la orilla del Manzanares durante la fiesta de San Juan, una celebración ligada al inicio del verano y a la diversión popular. La composición se divide claramente en dos partes: a la izquierda, la zona de árboles junto al río, más tranquila y pensada para el descanso; a la derecha, el camino, lleno de movimiento y gente que va y viene.

Bajo los árboles vemos una auténtica merienda campestre: grupos sentados en el suelo, manteles extendidos, gente charlando o descansando, e incluso algunos bañándose en el río. Es una imagen muy acorde con lo que sabemos del Madrid barroco, donde el Manzanares era un lugar habitual de reunión en días festivos. Llama la atención la mezcla de personas: algunos van bien vestidos, otros de forma más sencilla, lo que da la sensación de una fiesta abierta a todos.


En cambio, el camino de la derecha tiene un aire más animado, casi como un paseo para dejarse ver. Aparecen carruajes, jinetes y caminantes en constante movimiento, donde no solo se transita, sino que también se muestra la posición social o el estilo de cada uno. Ese contraste entre el ocio relajado y la vida social más visible es muy típico de este tipo de escenas.

El detalle más interesante, desde el punto de vista musical, está en el pequeño grupo que baila. Una mujer, con los brazos abiertos y el cuerpo en movimiento, danza acompañada por dos hombres. Su postura —brazos en alto, manos activas y falda en movimiento— sugiere un baile con ritmo marcado.


Aunque no se ven con total claridad, es muy probable que esté usando castañuelas. La posición de las manos encaja bien con su forma de tocarlas, y además sabemos que en el siglo XVII eran habituales en bailes populares y festivos.

Este no parece un baile formal de corte, sino algo más espontáneo y compartido. Los hombres no solo miran, también participan, quizá marcando el ritmo con palmas o pasos. Todo apunta a una danza viva, participativa, donde las castañuelas ayudarían a marcar el compás y dar más fuerza y alegría al conjunto.







martes, 5 de mayo de 2026

1736. Danza a la italiana.

 
1736
Danza a la italiana.
Parrocel, Charles
Le Bas, Jacques-Philippe
36,5 x 23 cm





La estampa titulada Danse à l’italienne (1736), grabada por Jacques-Philippe Le Bas a partir de un dibujo de Charles Parrocel —indicado por el “delineavit” en la plancha—, se inscribe plenamente en el gusto rococó por las escenas galantes al aire libre. La composición presenta un jardín ordenado, con fuente central y una arquitectura de terraza que organiza el espacio social, donde un público elegante observa y participa de una escena de danza.

El protagonismo recae en la pareja de bailarines situada en primer término, cuyos gestos amplios y estudiados remiten a una danza de carácter teatralizado, probablemente inspirada en modelos italianos difundidos en la Europa del siglo XVIII. La actitud del público, distribuido en grupos sentados y de pie, sugiere una mezcla de espectáculo y sociabilidad, donde la danza es sun acto de representación social.


En este detalle la escena coreográfica se vuelve mucho más elocuente. La pareja de bailarines ocupa el centro visual con un juego de contrapuntos muy marcado: la mujer eleva un brazo con elegancia mientras flexiona la pierna en un paso ligero, casi suspendido, y el hombre responde con un gesto enérgico, brazo alzado y cuerpo ligeramente inclinado hacia delante. No se trata de una danza espontánea, sino de una ejecución codificada, con acentos rítmicos claros y un diálogo corporal que sugiere alternancia de tiempos fuertes y débiles, muy en la línea de las danzas de carácter difundidas en la Europa del siglo XVIII bajo etiqueta “italiana”.


El acompañamiento musical se percibe mejor a través de la gestualidad. En la figura masculina se distingue un pequeño instrumento de cuerda colgado al costado —probablemente un cordófono portátil tipo mandolina o guitarra—, lo que indica una combinación de danza y música ejecutada por los propios intérpretes o por músicos muy próximos a la acción.


En muchas representaciones contemporáneas, las castañuelas no se dibujan con detalle, sino que se “codifican” a través de la postura de las manos. Aquí parece suceder algo similar: más que mostrar el instrumento, el grabador sugiere su uso mediante un lenguaje corporal reconocible. En ese sentido, las castañuelas funcionan casi como un signo implícito dentro del imaginario de la danza “a la italiana”, reforzando su carácter rítmico y expresivo aunque no se materialicen con claridad en la imagen.







domingo, 3 de mayo de 2026

S.XVIII. Tarantela en el Palazzo Donn´anna.

 
S.XVIII
Tarantela en el Palazzo Donn'anna
con el Vesubio al fondo.
Pietro Fabris
40 x 73 cm




La escena corresponde a una obra de Pietro Fabris, activo en Nápoles en la segunda mitad del siglo XVIII, muy vinculado a la cultura visual del Grand Tour. Su producción responde en gran medida a una demanda extranjera interesada tanto por los paisajes del Vesubio como por las costumbres populares napolitanas, que él documenta con cierto carácter casi etnográfico .

La pintura, titulada Tarantela en el Palazzo Donn’Anna con el Vesubio al fondo, muestra una escena festiva al aire libre en la costa de Posillipo, con el reconocible perfil del Palazzo Donn'Anna y el Vesubio al fondo. Este tipo de composición —figuras populares en primer plano y paisaje emblemático detrás— es típico en Fabris, quien reutiliza incluso grupos de personajes en varias obras, lo que sugiere el uso de modelos previos o cartones de taller .


En el centro de la escena se desarrolla una tarantela, una danza tradicional del sur de Italia, de ritmo muy vivo (generalmente en 6/8) y carácter marcadamente expresivo . Aunque su origen se vincula a creencias relacionadas con el “tarantismo”, en el siglo XVIII ya es una danza popular consolidada, practicada tanto en ámbitos festivos como, progresivamente, en contextos más refinados. En Nápoles, además, adquiere un fuerte valor de identidad y escénico.


En cuanto a los instrumentos, en la pintura se aprecia claramente un tambor de marco (tipo tamburello), que marca el pulso rítmico de la danza, así como instrumentos de cuerda pulsada (probablemente guitarra o mandolino), habituales en este repertorio . Estos conjuntos son característicos de la tarantela, donde el ritmo tiene un papel predominante.


Respecto a las castañuelas, su presencia —aunque no siempre destacada en todas las versiones pictóricas— es coherente con la práctica histórica de la danza. Las fuentes describen que los propios danzantes podían llevar “castagnette” (castañuelas) para marcar el ritmo con movimientos de muñeca, reforzando el carácter percusivo y gestual del baile . En la escena que observamos, la actitud de las bailarinas, con brazos elevados y manos activas, sugiere ese tipo de ejecución rítmica manual, aunque el detalle pictórico no permite siempre confirmar con absoluta certeza la forma exacta del instrumento. En cualquier caso, su uso es plenamente verosímil dentro del contexto napolitano del siglo XVIII.







EL MUNDO DE LAS CASTAÑUELAS

Las entradas de este Blog provienen de una antigua página publicada en internet en los años 90. En principio se pretende publicar los conte...