sábado, 7 de noviembre de 2026

Sonia Amelio. Bailarina y concertista.

 
SONIA AMELIO. Bailarina, pianista, coreógrafa, actriz y concertista de crótalos mexicana, nacida en Ciudad de México en 1941. Su trayectoria artística se desarrolló en torno a la relación entre la danza y la música, y de manera muy particular a la utilización de las castañuelas como instrumento de concierto.

Desde niña recibió una formación simultánea en música y danza. Según relató la propia Amelio a Elena Poniatowska, sus padres la llevaron con unos tres años y medio a las clases de música y danza de su hermana mayor. La niña terminó incorporándose a ellas y comenzó una formación que combinaría durante toda su vida el piano, la danza y posteriormente los crótalos. A los seis años ofreció su primer concierto de piano en el Palacio de Bellas Artes y, seis meses después, actuó como bailarina en el entonces Teatro Esperanza Iris, hoy Teatro de la Ciudad de México. Las fuentes institucionales mexicanas coinciden en esta precocidad y señalan que fue considerada una niña prodigio.

Su formación musical incluyó los estudios de concertista de piano en el Conservatorio Nacional de Música, realizados paralelamente a su formación como bailarina clásica. La disciplina adquirida durante aquellos años sería posteriormente fundamental para su concepción de las castañuelas, pues Amelio no las entendió únicamente como un elemento rítmico de la danza española, sino como un instrumento susceptible de asumir una función solista.

En el campo de la danza clásica estudió, entre otros, con Sergio Unger y Guillermo Keys. Más adelante entró en contacto con la danza española y estudió flamenco con la bailaora conocida como La Quica. Una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México sitúa posteriormente a Amelio dentro del grupo de bailarinas relacionadas con Domingo José Samperio y su proyecto de llevar las castañuelas al ámbito del concierto. La propia documentación académica señala que Samperio trabajó también con Lucero Tena y Pilar Rioja, formando parte las tres de una etapa decisiva en la transformación de la interpretación concertística de las castañuelas en México.

Es precisamente en este contexto donde comienza a adquirir importancia la figura de Sonia Amelio para la historia de las castañuelas de concierto. Su trayectoria no siguió exactamente el mismo camino que la de Lucero Tena o Pilar Rioja. Mientras estas últimas desarrollaron de manera muy destacada la relación entre danza española y castañuelas, Amelio orientó progresivamente su trabajo hacia la presentación de los crótalos como instrumento musical solista. Un documento biográfico de la época explica que su preparación musical fue la base de su propósito de incorporar las castañuelas a la orquesta sinfónica y de utilizarlas no solamente como acompañamiento percusivo, sino con una gama de matices propia de un instrumento solista.

Amelio realizó arreglos para castañuelas de obras pertenecientes al repertorio de grandes compositores. Entre los autores interpretados en su trayectoria aparecen Johann Sebastian Bach, Frédéric Chopin, Franz Liszt, Ludwig van Beethoven, Niccolò Paganini, Piotr Ilich Chaikovski, Nikolái Rimski-Kórsakov y Johannes Brahms. En sus conciertos podía combinar la interpretación de los crótalos con diferentes formas de danza, utilizando zapatos de punta, calzado duro o suave, y desarrollando coreografías propias. La Secretaría de Cultura de México documenta esta concepción de su trabajo y señala expresamente la combinación de danza y crótalos como característica de sus conciertos.

Su actividad como concertista quedó registrada también en los archivos de Radio Educación. El catálogo de la institución conserva la grabación de un concierto ofrecido por Sonia Amelio con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, dirigido por Antonio Tornero, cuya transmisión tuvo lugar el 10 de noviembre de 1979. El programa incluía obras de Barber, Bach, Benedetto Marcello, Sarasate y Grieg. La documentación identifica expresamente a Amelio como «crotalista (castañuelas)» y recoge una entrevista en la que habla de las obras a las que incorporaba los crótalos y de su concepción del instrumento como solista.

Su actividad concertística se extendió posteriormente a numerosos países. Las fuentes oficiales mexicanas documentan sus actuaciones como solista de crótalos con distintas formaciones internacionales, entre ellas las filarmónicas de Novosibirsk y Reutlingen y las orquestas sinfónicas de Sudáfrica, Matanzas, Colombia y Cuenca. También actuó con orquestas mexicanas, entre ellas las filarmónicas de Ciudad de México y Acapulco y la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí.

Una parte especialmente destacada de su relación con Rusia estuvo vinculada al compositor armenio Aram Jachaturián. Según la Secretaría de Cultura mexicana, Jachaturián le dedicó La viuda valenciana, obra que Amelio estrenó junto con solistas del Ballet Bolshói y del Ballet Clásico de Moscú. Posteriormente realizó diversas actuaciones en Rusia y, de acuerdo con la documentación oficial, llegó a ofrecer allí más de cuarenta conciertos.

En 2011 recibió en Moscú la Medalla Pushkin, concedida por el presidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvédev. La condecoración reconoce contribuciones en el ámbito de las artes y la cultura y, en el caso de Amelio, estuvo relacionada con su prolongada actividad artística y sus vínculos culturales con Rusia. La entrega tuvo lugar el 20 de junio de 2011 en la residencia presidencial de Gorki, según la documentación de la Embajada de México en Rusia.

Su actividad artística no se limitó a la danza y a los crótalos. También desarrolló una carrera como actriz y participó en películas, televisión y teatro. La Secretaría de Cultura mexicana señala que intervino en catorce películas y trabajó, entre otros, con Emilio Fernández, Toshiro Mifune, Sam Peckinpah y Alejandro Jodorowsky. Su primera película, Un dorado de Villa, dirigida por Emilio Fernández, le proporcionó además una Diosa de Plata como revelación femenina.

A partir de 1995 desarrolló la llamada «Cruzada Mundial del Arte por la Paz», iniciada en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. El proyecto se convirtió en una parte importante de su actividad posterior y llevó sus espectáculos y su mensaje a distintos países. Instituciones mexicanas continúan documentando esta actividad y en 2026 el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura volvió a reconocer públicamente su trayectoria dentro del ciclo Autobiografías Danzadas de Mujeres.

La importancia de Sonia Amelio para la historia de las castañuelas reside, por tanto, en una vía particularmente definida: la transformación de un instrumento tradicionalmente asociado a la danza española en un elemento susceptible de integrarse en el lenguaje del concierto. Su formación como pianista tuvo un papel fundamental en esta orientación. En lugar de limitar la castañuela a la función de acompañamiento rítmico de la danza, desarrolló arreglos y técnicas destinados a hacerla dialogar con la música sinfónica y con el repertorio de concierto. Las grabaciones conservadas por Radio Educación permiten comprobar que esta concepción no fue solamente una declaración biográfica, sino una práctica artística desarrollada ya en la década de 1970.

Sonia Amelio pertenece así a la generación de intérpretes que, durante la segunda mitad del siglo XX, contribuyó a consolidar una nueva consideración de las castañuelas dentro de la música de concierto. Junto a figuras como Lucero Tena y Pilar Rioja, aunque mediante una trayectoria artística propia, forma parte de la historia de la transformación de las castañuelas de acompañamiento de la danza en instrumento de interpretación concertística. Su actividad posterior, prolongada durante décadas, mantuvo unidas las dos vertientes que habían marcado su formación desde la infancia: la música y la danza.




EL PRESENTE DE LAS CASTAÑUELAS
Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo


viernes, 6 de noviembre de 2026

Pagés Madrigal, María Jesús. Bailarina y coreógrafa.

 
María Jesús Pagés Madrigal, conocida artísticamente como María Pagés, nació en Sevilla el 28 de julio de 1963. De ascendencia catalana y vinculada desde su juventud a Madrid, comenzó su trayectoria profesional en la compañía de Antonio Gades y posteriormente fue primera bailarina en las compañías de Mario Maya, Rafael Aguilar y María Rosa. En 1990 creó su propia compañía, con la que ha desarrollado una extensa trayectoria internacional y más de treinta creaciones escénicas.

Su trabajo parte del lenguaje tradicional del flamenco, pero incorpora elementos procedentes de otras disciplinas y culturas. Esta búsqueda se refleja tanto en su actividad como intérprete como en su labor coreográfica. Entre sus obras figuran El perro andaluz. Burlerías, La tirana, Flamenco Republic, Autorretrato, Dunas, Utopía, Yo, Carmen, Óyeme con los ojos, Una oda al tiempo, Paraíso de los negros y De Scheherezade.

Su trayectoria ha sido reconocida, entre otros galardones, con el Premio Nacional de Danza en 2002, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2014 y el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2022, que compartió con Carmen Linares.


María Pagés y las castañuelas

Las castañuelas ocupan un lugar reconocible dentro de su lenguaje escénico. Pagés las ha utilizado como instrumento de percusión integrado en el movimiento, en combinación con el zapateado, los brazos, las manos y otros objetos sonoros.

Ya en 2002, una crítica de El País describía una de sus actuaciones como un auténtico estudio de la percusión flamenca, en el que Pagés y Manuel Soler utilizaban abanicos, bastones y castañuelas junto con el baile. 
Pocos años después, en Autorretrato (2008), las castañuelas volvieron a tener una presencia destacada: una reseña de la obra habla expresamente de un «alarde de palillos (castañuelas)», mientras que otra describe el «repiqueteo de castañuelas» de Pagés durante su baile por alegrías.

Esta utilización del instrumento también puede documentarse en obras posteriores. En Dunas, creación compartida con Sidi Larbi Cherkaoui, una crítica publicada en Australia señala específicamente el empleo de las castañuelas por Pagés junto con el zapateado y los golpes de sus zapatos como parte de la construcción rítmica del espectáculo. En Una oda al tiempo, presentada en Londres en 2022, The Guardian volvió a destacar las castañuelas que Pagés lleva en las manos y la precisión de su sonido dentro de la coreografía.

Resulta especialmente interesante que las castañuelas aparezcan asociadas a esta concepción amplia de la percusión flamenca. En varias de sus obras, Pagés no las utiliza aisladamente, sino dentro de un sistema escénico en el que el cuerpo, el calzado y determinados objetos —abanicos, bastones o castañuelas— pueden convertirse en generadores de ritmo. Esta perspectiva ya era perceptible en sus trabajos de comienzos de siglo y continúa formando parte de su lenguaje artístico.

En la actualidad, María Pagés mantiene una intensa actividad como coreógrafa y directora. Es directora artística del Centro Danza Matadero de Madrid junto a El Arbi El Harti y dirige también el Centro Coreográfico María Pagés de Fuenlabrada, dedicado a la creación, investigación, formación y difusión de la danza. El 25 de septiembre de 2026, estrenaba en Madrid Bilbao Square, una creación autobiográfica que reconstruye su llegada a Madrid a los quince años y su posterior trayectoria artística.



EL PRESENTE DE LAS CASTAÑUELAS
Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo



jueves, 5 de noviembre de 2026

1847. Mad. Gui Stéphan en el Jaleo.

 
1847
Mad. Gui Stéphan en el Jaleo
Lameyer, Francisco.
En Escenas andaluzas






1847. «Mad. Gui Stéphan en el Jaleo». Francisco Lameyer. Estampa incluida en Escenas andaluzas de Serafín Estébanez Calderón, «El Solitario». La imagen representa a la bailarina francesa Marie Guy-Stéphan interpretando el Jaleo de Jerez, baile que había popularizado en el Teatro del Circo de Madrid desde 1845. Lameyer la muestra con el traje escénico creado para este baile y con castañuelas sujetas mediante cintas a los dedos, un detalle especialmente significativo para la historia de este instrumento y de su incorporación a la danza teatral española del siglo XIX.


El jaleo fue un baile de carácter andaluz muy difundido en los escenarios del siglo XIX, basado en el ritmo, el zapateado, los movimientos expresivos de brazos y cuerpo y el acompañamiento de castañuelas. Entre sus distintas variantes destacó el Jaleo de Jerez, que alcanzó especial popularidad en Madrid a partir de la década de 1840 gracias, entre otros intérpretes, a Marie Guy-Stéphan. Su representación en Escenas andaluzas constituye además un testimonio iconográfico de la utilización de las castañuelas en este repertorio escénico.







lunes, 2 de noviembre de 2026

MUSEO VIRTUAL. Museu da Música. 08 Castanholas.

 
08 Castanholas
Sevilla
Espanha
7,5 x 6







Instrumento adquirido pelo casal Costa Campos, em Sevilha, durante uma viagem à descoberta de Espanha.




Museu da Música

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sábado, 31 de octubre de 2026

Najarro, Antonio. Bailarín, coreógrafo.

 

Antonio Najarro (Madrid, 1975) es bailarín, coreógrafo y director artístico. Se formó en ballet clásico, escuela bolera, danza española, folclore, flamenco y danza contemporánea, y obtuvo la Matrícula de Honor en Danza Española en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma de Madrid. Inició su carrera profesional a los quince años y trabajó en compañías como el Ballet Antología, el Ballet del Teatro Lírico de La Zarzuela, la Compañía Antonio Márquez, José Antonio y los Ballets Españoles y la Compañía de Aída Gómez. En 1997 ingresó en el Ballet Nacional de España y en 2000 alcanzó la categoría de primer bailarín.

Las castañuelas ocupan un lugar especialmente destacado en su concepción de la danza española. En una entrevista llegó a definirse como una «castañuela andante» y afirmó que sus creaciones estaban muy focalizadas en el instrumento. También ha explicado que, durante su juventud como primer bailarín, buscaba alcanzar gran velocidad y virtuosismo en el toque, antes de conceder con la madurez mayor importancia a la interpretación y al carácter.

Esta relación entre danza y castañuelas se aprecia especialmente en su trabajo coreográfico. En Alento, estrenado originalmente para el Ballet Nacional de España y posteriormente recuperado para su propia compañía, el uso de las castañuelas constituye uno de los rasgos reconocibles de su lenguaje. El propio Najarro ha definido esta obra por el «uso virtuoso de las castañuelas», asociado a una exigencia técnica elevada y a una función expresiva dentro de la coreografía.

En 2002 creó su propia compañía, la Compañía Antonio Najarro, desde la que ha desarrollado un lenguaje basado en la tradición de la danza española y su diálogo con la creación contemporánea. En Querencia, estrenada en 2022, las castañuelas adquieren una consideración especialmente explícita: la propia compañía las define como «el instrumento que más caracteriza a Najarro» y las integra, junto al sombrero cordobés, el mantón de Manila, la capa española y la bata de cola, en una propuesta que reúne escuela bolera, danza estilizada, danza tradicional y flamenco.

Su interés por el instrumento no se limita al empleo de las castañuelas dentro de sus coreografías. Najarro mantiene en su página profesional una sección específica dedicada a variaciones de castañuelas, en la que aparecen interpretaciones y versiones concebidas sobre obras de diferentes procedencias. Entre ellas figuran variaciones sobre Ziryab y Guajiras de Lucía de Paco de Lucía, Zapateado de Regino Sainz de la Maza, Allegro de Aires gitanos de Pablo Sarasate, Orgía de Joaquín Turina y obras de Ara Malikian y Fernando Egozcue. Este repertorio muestra su interés por utilizar las castañuelas no solamente como acompañamiento rítmico de la danza, sino también como vehículo de interpretación y virtuosismo.

Esta concepción aparece también en su labor pedagógica y divulgativa. En La mirada de la Danza Española, proyecto concebido para mostrar al público el proceso de creación y preparación de un bailarín, Najarro incluye expresamente el toque de castañuelas entre los conocimientos necesarios para interpretar los diferentes estilos de la danza española, especialmente la escuela bolera y la danza estilizada. El espectáculo utiliza además variaciones de bata de cola y castañuelas procedentes de Alento.

Entre 2011 y 2019 fue director del Ballet Nacional de España. Durante este periodo combinó la recuperación del patrimonio coreográfico español con la creación contemporánea y la ampliación de los lenguajes de la institución. Su etapa al frente del Ballet incluyó la recuperación de obras históricas como Danza y tronío, Bolero, Ritmos, Medea y Viva Navarra, además de nuevas producciones como Sorolla y Alento.

En sus trabajos posteriores ha continuado explorando la relación entre tradición e innovación. Querencia recuperó los grandes estilos de la danza española desde una perspectiva contemporánea, mientras que Romance Sonámbulo y otros proyectos recientes han seguido desarrollando su lenguaje coreográfico. En 2026 presentó en Japón Bolero, una nueva creación sobre la partitura de Maurice Ravel en la que las castañuelas vuelven a ocupar un papel destacado. La propuesta incorpora además las chácaras de La Gomera, estableciendo un diálogo entre dos tradiciones españolas de idiófonos de entrechoque.

En la trayectoria de Antonio Najarro, las castañuelas aparecen así como un elemento que conecta su formación como bailarín de danza española, su experiencia como intérprete, su actividad coreográfica y su concepción actual del instrumento. No se trata únicamente de un recurso sonoro asociado a determinados estilos: forman parte de su vocabulario corporal y coreográfico y, en determinadas obras, adquieren una dimensión virtuosística propia. Su trabajo contribuye de este modo a mantener el instrumento dentro de la tradición de la danza española al tiempo que lo sitúa en contextos escénicos contemporáneos.
 



EL PRESENTE DE LAS CASTAÑUELAS
Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo



lunes, 26 de octubre de 2026

1897. Los domingos en Madrid.

 
1897
Los domingos en Madrid.
En la fuente de la Teja.
Méndez Bringa, Narciso
La ilustración Artística núm. 830





Esta ilustración de Narciso Méndez Bringa (1868-1933) apareció en La Ilustración Artística el 22 de noviembre de 1897. Representa una escena de ocio popular en las afueras de Madrid, con un baile al aire libre, músicos y grupos de personas reunidas junto a una fuente.

En primer plano, un hombre lleva al hombro una gaita, mientras una niña sostiene una pandereta. Al fondo, varias parejas bailan y otras personas contemplan la escena o descansan. La composición ofrece una imagen de la música y el baile como formas de diversión colectiva a finales del siglo XIX.


Méndez Bringa fue uno de los ilustradores destacados de la prensa española de su tiempo. Su atención a los detalles de la indumentaria, los gestos y los ambientes cotidianos convierte sus dibujos en testimonios gráficos de interés para conocer cómo se representaban las costumbres de la época.


La ilustración tiene también interés para la iconografía musical, aunque la identificación exacta de los instrumentos requiere cautela. Es un documento fechado que permite estudiar la representación de músicos ambulantes y del baile popular en el Madrid de 1897, sin olvidar que se trata de una escena dibujada y, por tanto, interpretada por su autor.

Fuente: La Ilustración Artística, núm. 830, 22 de noviembre de 1897.







MUSEO VIRTUAL. Música para ver. Instrumentos del Mundo. 24E Pitos.

 

24E Pitos
Ansó, Huesca.
Cordel. Madera de Boj.
4,5 x 3,5 x 2,5 cm
Artesano: Luis Salesa.






Información y fotografías de







domingo, 25 de octubre de 2026

Juan Vela Hernández, una vida dedicada a las castañuelas.

 
El fallecimiento de Juan Vela Hernández supone la desaparición de uno de los maestros artesanos que más contribuyeron a la evolución de las castañuelas en la segunda mitad del siglo XX. Su trayectoria estuvo ligada al conocimiento del instrumento, al oficio aprendido en el taller familiar y a una búsqueda constante de nuevas posibilidades sonoras y constructivas.

Juan Vela aprendió a fabricar castañuelas desde niño, bajo la enseñanza de su padre, Manuel Vela, conocido como Filigrana. Junto a su hermano José, se inició en este oficio durante la década de 1960, cuando ambos eran todavía muy jóvenes. Aquella formación temprana les permitió conocer de primera mano las dificultades de una construcción artesanal en la que la forma, el material, el peso y el ajuste de las dos piezas determinan las cualidades del instrumento.

En los años ochenta, los hermanos fundaron en Sevilla Castañuelas del Sur, una empresa familiar que acabaría adquiriendo reconocimiento entre profesionales de la danza, intérpretes y concertistas. Su trabajo se desarrolló en un momento de creciente interés por las posibilidades musicales de las castañuelas y por su consideración como instrumento con personalidad sonora propia.

Juan y José Vela trabajaron en el perfeccionamiento de su construcción. Entre sus aportaciones figura la doble caja de resonancia, concebida para ampliar las posibilidades sonoras del instrumento y favorecer la obtención de registros más graves. También participaron en el desarrollo de la fibra negra veteada, un material que alcanzó una notable aceptación por su respuesta sonora y su adaptación a distintos estilos interpretativos.

Una de las creaciones más personales de Juan Vela fue el modelo Capricho. Durante la década de 1990 dedicó varios años a estudiar cómo mejorar la comodidad, el peso y la respuesta de las castañuelas. El resultado fue un instrumento concebido para facilitar el toque y reducir el esfuerzo durante las sesiones prolongadas de práctica, sin renunciar a una amplia gama de posibilidades sonoras. La empresa mantuvo su nombre, Juan Vela Sevilla, en el interior de estos ejemplares, convirtiéndolo en una identificación de autor y en un reconocimiento permanente a su creador.

La relación de Castañuelas del Sur con destacados profesionales del flamenco y la danza contribuyó a difundir sus instrumentos dentro y fuera de España. Sus castañuelas llegaron a intérpretes y concertistas, así como a instituciones y compañías de referencia, entre ellas el Ballet Nacional de España. En esta trayectoria se reconoce también la labor compartida de los hermanos Vela, cuyo trabajo ayudó a ampliar el horizonte técnico de un instrumento con una larga historia.

Su legado profesional continúa en la siguiente generación de la familia, que ha mantenido el oficio y la actividad del taller sevillano. La transmisión familiar de los conocimientos, junto con la incorporación de mejoras en materiales y diseños, ha permitido que una tradición artesanal siga vinculada a las exigencias de los intérpretes actuales.

Recordar a Juan Vela es reconocer el trabajo de un constructor que dedicó su vida a estudiar y perfeccionar las castañuelas. Su nombre permanecerá asociado a los instrumentos que diseñó, a las innovaciones que impulsó junto a su hermano y a una manera de entender el oficio en la que la experiencia manual y la investigación sonora formaban parte de un mismo empeño.








viernes, 23 de octubre de 2026

EL MUNDO DE LAS CASTAÑUELAS

Las entradas de este Blog provienen de una antigua página publicada en internet en los años 90. En principio se pretende publicar los conte...