La estampa El bolero, atribuida a Pierre-Antoine Demachy y conservada en una copia anónima iluminada a mano de 1790, constituye un testimonio muy interesante de la fascinación que despertaban los bailes españoles en la Europa de finales del siglo XVIII. La escena muestra una pareja ejecutando un bolero en plena “primera postura en la acción de dar la vuelta”, tal como indica la inscripción inferior. No se trata de una representación improvisada o popular en sentido estricto, sino de una imagen cuidadosamente construida para presentar el baile español como un espectáculo elegante, refinado y característico de la identidad nacional.
Pierre-Antoine Demachy fue un pintor y grabador francés conocido sobre todo por sus vistas arquitectónicas y escenas teatrales. Aunque no fue especialista en temas españoles, trabajó en un contexto artístico europeo donde existía un enorme interés por las danzas y costumbres de España. En esos años, el bolero comenzaba a difundirse fuera del ámbito español y era percibido como una danza llena de gracia, vivacidad y exotismo. La propia inscripción de la estampa lo deja claro cuando afirma que el bolero es “natural regocijo de nuestra España”, una fórmula que une el baile con una idea de identidad nacional y alegría colectiva.
La composición está organizada como una escena escénica. Los bailarines ocupan el centro y aparecen rodeados de músicos y espectadores. La postura de ambos danzantes revela el carácter técnico y contenido del bolero del siglo XVIII, muy distinto de algunas imágenes modernas asociadas al flamenco. El movimiento no es violento ni arrebatado, sino elegante, medido y cortesano. El bolero surgió precisamente en ese ambiente, a medio camino entre la danza popular y la escuela académica de baile, y llegó a convertirse en una de las formas más representativas de la llamada Escuela Bolera.
Uno de los aspectos más relevantes de la imagen es la presencia de las castañuelas en manos de los bailarines. Aquí aparecen claramente integradas en la práctica del bolero y no como un simple accesorio decorativo. A finales del siglo XVIII, el uso de castañuelas en el bolero estaba ya plenamente consolidado y formaba parte esencial de la técnica del baile. El instrumento no solo marcaba el ritmo, sino que contribuía a la expresividad corporal y al diálogo entre música y movimiento. En la Escuela Bolera, las castañuelas adquirieron una gran sofisticación técnica y pasaron a formar parte inseparable de la formación de los bailarines.
La estampa es especialmente interesante porque documenta un momento histórico en el que las castañuelas ya aparecen asociadas de forma clara a la danza española escénica. Esto tiene importancia organológica e histórica, ya que permite distinguir estas prácticas dieciochescas de otros idiófonos de entrechoque anteriores representados en la iconografía medieval, que no pueden identificarse automáticamente como castañuelas en el sentido moderno. En El bolero vemos ya un contexto plenamente reconocible de baile bolero, acompañado por instrumentos de cuerda y por el toque coordinado de las castañuelas, dentro de una estética que anticipa gran parte de la imagen internacional de la danza española en los siglos posteriores.