miércoles, 14 de octubre de 2026

González, Inma. Concertista y profesora.

 

Hasta septiembre de 2026, la trayectoria de Inma González aparece así vinculada a una concepción de las castañuelas como instrumento de interpretación musical autónoma, además de su tradicional relación con la danza española. Su actividad reúne tres vertientes estrechamente relacionadas: la interpretación como solista, la enseñanza basada en el Método Maleras y la búsqueda de nuevos contextos escénicos para las castañuelas. 

Desde su formación infantil con Emma Maleras hasta sus colaboraciones con orquestas sinfónicas, conjuntos de cámara, música electrónica y músicos de distintas tradiciones, su carrera muestra una continuidad poco habitual entre la escuela de castañuelas desarrollada en Barcelona durante la segunda mitad del siglo XX y la actual práctica concertística del instrumento.

Inma González es una concertista y profesora de castañuelas nacida en Barcelona, vinculada desde su infancia a la danza española y, especialmente, al estudio de las castañuelas como instrumento musical. Su formación se desarrolló junto a maestros de danza y de castañuelas como Rosita Segovia, José de la Vega, Paco Romero y Emma Maleras. Esta última tendría una importancia decisiva en su trayectoria. González obtuvo la Matrícula de Honor en el Método Maleras para castañuelas y colaboró posteriormente con Emma Maleras en exámenes, clases y conciertos.

Su relación con las castañuelas comenzó siendo muy joven. Según ha explicado la propia González, en su primera escuela de danza el estudio del Método Maleras formaba parte de la formación de las alumnas de danza española. Comenzó el método con Juana Escarabajal a los siete años y, alrededor de los diez, pasó a estudiar directamente con Emma Maleras. Durante esos años formó parte del Coro de Castañuelas de Emma Maleras y llegó a actuar con alumnas de mayor edad. La propia intérprete ha explicado que Maleras ejerció sobre ella una influencia fundamental tanto desde el punto de vista técnico como pedagógico.

En los primeros años de su trayectoria profesional actuó vinculada a distintos ámbitos de la danza española. Entre las actuaciones que aparecen documentadas se encuentran su participación en el Festival de Danza Rosita Segovia del castillo de Perelada, sus intervenciones como solista de castañuelas en el Palau de la Música Catalana y su participación, como invitada de Amics de l'Òpera de Sabadell, en Carmen de Georges Bizet. La documentación disponible presenta 1983 y 1984 de forma diferente al referirse al inicio de su carrera como solista, por lo que no resulta prudente fijar un único año para todos estos primeros acontecimientos.

Durante las décadas siguientes González desarrolló una actividad concertística cada vez más internacional. Actuó en España, Alemania, Bélgica, Francia, Países Bajos, Estados Unidos, Hungría y Japón, y colaboró con intérpretes de distintas especialidades. Entre sus compañeros de escenario figuran los guitarristas Horst Sohn, Denis Sung-Hô, José Luis Montón y Yves Storms, el flautista Marc Grauwels, el guitarrista japonés Kiyoshi Shomura, el pianista Stéphane De May, el violonchelista Luc Tooten, la violinista Sonja Kalajic, la pianista Yoko Suzuki y el acordeonista Christophe Delporte.

Una parte especialmente significativa de su trayectoria fue la colaboración con Marc Grauwels y Kiyoshi Shomura. En 2001 realizó con ambos una gira por Japón que incluyó distintos auditorios y centros culturales. Su actividad internacional también la llevó al Gusman Theatre de Miami, a la inauguración del 48th Llangollen International Musical Eisteddfod de Gales y al European Youth Music Festival celebrado en Fertőd y Budapest. Asimismo, grabó junto a la cantante María del Mar Bonet y colaboró con Radio Nacional de España y Televisión Española.

En 1993 obtuvo el primer premio de castañuelas en el Internationalen Kastagnetten-Wettbewerb celebrado en Colonia, Alemania. Este reconocimiento aparece de manera reiterada en su documentación profesional y en perfiles dedicados a su actividad docente y artística.

González no se ha limitado a la interpretación. Una parte esencial de su trayectoria ha sido la enseñanza y la difusión del Método Maleras. Ha ejercido como profesora de castañuelas en escuelas de danza y música de Barcelona y su entorno, entre ellas las vinculadas a Rosita Segovia, José de la Vega y Pastora Martos, y ha impartido clases en el Centro de Arte Flamenco y Danza Española Amor de Dios de Madrid. También ha desarrollado una actividad internacional mediante cursos y clases magistrales en distintos países europeos y en Estados Unidos. Posteriormente incorporó la enseñanza en línea, con alumnos residentes en diversos países de Europa, América y Asia.

Su relación con Emma Maleras fue también de continuidad pedagógica. González ha explicado que, después de completar su formación, sustituyó a Maleras en algunas de las escuelas donde esta ejercía como profesora y durante años participó como miembro del jurado de los exámenes del Método Maleras. Junto con Consol Grau estuvo además vinculada a la creación del grupo que posteriormente se conocería como Tocs, antes Cor de Castanyoles. Más tarde creó el Coro de Castañuelas de Inma González, concebido para trabajar con acompañamiento musical en directo y con una concepción escénica diferente de la posición tradicionalmente estática del intérprete de castañuelas.

Su labor pedagógica incluye también la elaboración y difusión de materiales específicos para el estudio de las castañuelas, como la partitura de sevillanas que publicó en 2006, en este blog, concebida para trasladar por escrito los principales patrones rítmicos y fórmulas técnicas del toque de este género.

En 2007 dirigió, junto con Marta Cid, El Somni d'un so, un concierto-espectáculo en el que las castañuelas constituían el eje conductor de una propuesta que reunía música en directo, danza, ópera y acrobacia aérea. El proyecto se vinculaba también a la figura de Antonia Mercé, La Argentina, y a la búsqueda de nuevas formas de presentación escénica del instrumento.

A partir de 2012 amplió sus colaboraciones camerísticas. Formó un trío con la violinista Sonja Kalajic y la pianista Yoko Suzuki, con quien ha mantenido una colaboración particularmente continuada. En 2013 comenzó a trabajar con el acordeonista Christophe Delporte y, junto con Marc Grauwels, participó en actuaciones en Corea del Sur en 2016. En 2017 fue invitada como solista por la orquesta de cámara I Virtuosi di Waterloo, con Jean-Frédéric Molard al violín.

La colaboración con Yoko Suzuki dio lugar a diversos conciertos y estrenos de obras para piano y castañuelas. En mayo de 2018 ambas realizaron una gira por España en la que presentaron De Oriente a Occidente y un homenaje a Emma Maleras con motivo del primer aniversario de su fallecimiento. González participó también en actividades relacionadas con el centenario de Maleras y fue comisaria de la exposición homenaje #100EmmaMaleras, además de dirigir el concierto celebrado en el Centro de Arte Flamenco y Danza Española Amor de Dios de Madrid.

Su actividad como solista junto a formaciones orquestales adquirió especial relevancia a partir de 2019. Ese año actuó con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas en el VIII Concierto Popular de Año Nuevo, dirigido por Rafael Sánchez-Araña en el Auditorio Alfredo Kraus. La programación de estos conciertos registró, según la documentación de la artista, más de 6.000 espectadores en las cuatro sesiones. En 2020 abrió la temporada de conciertos del Conservatori de Música Isaac Albéniz de la Diputació de Girona con Olé!, junto a Yoko Suzuki al piano y Séverine Rospocher a la flauta.

En 2021 participó como solista invitada en el Concierto de Primavera. La Música Española, con la Orquesta Sinfónica de Ponferrada y El Bierzo, dirigida por Manuel Alejandre Prada, en el Teatro Bergidum de Ponferrada. Ese mismo año organizó el I Encuentro de Castañuelas de Concierto en El Bierzo, contribuyendo así a consolidar un espacio específico para la interpretación concertística de las castañuelas.

En 2022 regresó a la colaboración con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas para Zarzuela Glam 3.0 y participó como profesora y solista invitada en el II Encuentro de Castañuelas Ciudad de Sevilla. Al año siguiente amplió nuevamente el campo de su actividad. Participó junto a Yoko Suzuki y Aleksandra Ivanovski en el homenaje a Alicia de Larrocha celebrado con motivo del centenario de su nacimiento y llevó las castañuelas al Sónar de Barcelona en una colaboración con la artista Marina Herlop. Esta intervención resulta particularmente significativa dentro de su trayectoria por situar el instrumento en un contexto de música electrónica y creación contemporánea.

Durante 2023 mantuvo asimismo una relación estrecha con la Orquesta Sinfónica de Ponferrada y El Bierzo. Participó en dos conciertos celebrados en el Teatro Afundación de Vigo y en el concierto Solistas Internacionales V del Teatro Bergidum de Ponferrada. La programación oficial del Bergidum la presentó expresamente como solista invitada y profesora de castañuelas.

En 2024 continuó su actividad internacional. Fue invitada por el Consulado de España en San Pedro Sula y la Fundación Victoriano López al concierto de celebración del Día de la Hispanidad, celebrado junto a la Orquesta Sinfónica Victoriano López en el Teatro José Francisco Saybe de Honduras. Ese mismo año retomó colaboraciones con Yves Storms y realizó una pequeña gira por Bélgica junto al flautista de pico Patrick Denecker.

En 2025 volvió a trabajar con la Orquesta Sinfónica de Ponferrada y El Bierzo. Participó en el World Orchestra Festival celebrado en Viena en julio, donde la orquesta actuó en espacios como la Wiener Konzerthaus y el Musikverein. La Cadena SER documentó la presencia de González como solista de castañuelas en el festival y la participación de la orquesta en distintos escenarios vieneses. En diciembre de ese mismo año volvió al Teatro Bergidum para el Concierto de Navidad de la Orquesta Sinfónica de Ponferrada, con un programa que incluía obras de Albéniz, Falla y Granados, además de repertorio de zarzuela.

La actividad documentada más reciente corresponde a 2026. El 7 de agosto participó en el Festival Classissimo de Bruselas, dentro del programa Soleil du Sud, dedicado a músicas de España y América Latina. Actuó junto al flautista Marc Grauwels y el guitarrista Kiyoshi Shomura, en un repertorio que incluyó obras de Lorca, Falla, Villa-Lobos, Máximo Diego Pujol, Albéniz, Ibert, Ginastera y Piazzolla. La participación está documentada tanto por Spain Arts & Culture, del Ministerio de Cultura, como por la programación oficial de Classissimo.
 



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Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo






domingo, 11 de octubre de 2026

1793. Costumes des Fêtes.


1793
Costumes des Fêtes,
Mascarades.
anonyme francais





La figura femenina representada en este grabado anónimo francés de 1793 ofrece un interesante testimonio de la relación entre la indumentaria espectacular, las diversiones cortesanas y los instrumentos musicales asociados al gesto coreográfico a finales del siglo XVIII. 

El grabado pertenece al universo de los costumes de fêtes y las mascarades, un ámbito en el que el vestido contribuía a construir personajes, representar jerarquías y transformar temporalmente la apariencia de quienes participaban en fiestas y espectáculos. La figura parece concebida para llamar la atención por su silueta, la riqueza ornamental y la amplitud de sus accesorios, antes que para documentar un traje de uso cotidiano.


El elemento más significativo para The World of the Castanets es el pequeño instrumento que la mujer sostiene en la mano levantada. Su forma corresponde a unas castañuelas, aunque la reproducción disponible no permite examinar con suficiente detalle su configuración ni determinar cómo están construidas.

Su presencia es relevante porque las castañuelas aparecen  integradas en la representación de un personaje. El grabado permite documentar la representación de un instrumento semejante a las castañuelas dentro de un contexto teatral.

Una imagen puede proporcionar información sobre su apariencia, su posición en las manos y su asociación con determinados personajes, pero no siempre permite identificar con certeza el instrumento ni reconstruir su uso musical.

El título Costumes des Fêtes, Mascarades remite a una tradición de representaciones festivas en las que el vestuario tenía un papel fundamental. Las mascaradas podían reunir música, danza, alegorías y personajes caracterizados mediante trajes extraordinarios. En la Francia de los siglos XVII y XVIII, estos espectáculos estuvieron vinculados a la vida cortesana y a las producciones teatrales.

La colección del Departamento de Artes Gráficas del Museo del Louvre conserva un conjunto relacionado con este universo, titulado Costumes des Fêtes, Mascarades. Théâtres, etc., de Louis XIV. En él se encuentran diseños de vestuario asociados a espectáculos concretos. 


Estos ejemplos documentan que las castañuelas formaban parte del imaginario escénico francés mucho antes de finales del siglo XVIII. Su presencia estaba integrada en espectáculos donde el movimiento corporal, la música y la caracterización visual se concebían conjuntamente.

La imagen nos recuerda que la historia de las castañuelas no debe limitarse a su presencia en la danza española. También es necesario investigar sus representaciones en los teatros, ballets, óperas y mascaradas de otros países europeos. Los diseños de vestuario, las estampas y los documentos escénicos pueden ayudar a reconstruir ese panorama, siempre que se distingan los datos documentados de las interpretaciones iconográficas.

Referencia para ampliar la investigación: Musée du Louvre. Consulta sus colecciones de dibujos y diseños teatrales, donde se conservan ejemplos documentados de intérpretes con castañuelas en espectáculos franceses del siglo XVII.





 

Nina Corti.

 
Bailarina, coreógrafa e intérprete de castañuelas nacida en Zúrich (Suiza) en 1953. Su trayectoria artística, iniciada en la danza española y el flamenco, evolucionó hacia una concepción escénica en la que las castañuelas adquirieron progresivamente un protagonismo propio, llegando a intervenir como instrumento solista junto a orquestas, conjuntos de cámara y músicos de formación clásica.

Nina Corti nació en el seno de una familia de músicos. Desde niña recibió formación de danza, ballet y música, y estudió piano entre 1961 y 1971. Su aproximación a la danza española comenzó durante su adolescencia y estuvo vinculada inicialmente a Susana Audeoud, conocida artísticamente como Susana, y a Antonio Robledo. Según el propio relato de Corti, a los trece años asistió en el Teatro de la Ópera de Zúrich a una actuación de Susana y José de Udaeta. Al día siguiente compró sus primeras castañuelas. Desde 1973 siguió regularmente los cursos de Susana y Antonio Robledo en Berna, Zúrich y Colonia, y posteriormente recibió también formación particular de Susana en España.

Su formación flamenca continuó en España. En 1977 estudió con Enrique "El Cojo" en Sevilla y, durante sus estancias posteriores en Madrid, trabajó en el entorno de la escuela Amor de Dios con maestros como Ciro Diezhandino, María Magdalena, El Güito, Manolete, La Tati, Paco Fernández y otros. Su actividad profesional como bailarina comenzó públicamente en 1972, cuando tenía diecinueve años, y durante los años siguientes combinó la danza española estilizada con el flamenco. En 1973 actuó con el Stadtorchester Winterthur y participó en un programa que incluía las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla, seguido de una gira por Hungría con actuaciones, entre otros lugares, en la Academia Liszt de Budapest.

Durante las décadas de 1970 y 1980 Corti desarrolló una carrera internacional como bailarina y coreógrafa. Sus programas fueron incorporando músicos procedentes del flamenco, el jazz y la música clásica, una combinación que se convirtió en una de las características de su trabajo. En 1979 puso en relación el flamenco con su formación musical clásica y jazzística mediante el proyecto Jazz meets Flamenco, y en 1984 inició Flamenco Inspiration, producción que mantuvo distintas formaciones hasta comienzos del siglo XXI. En ellas colaboraron músicos como Pepe Habichuela, Juan Carmona, José Mercé, Enrique Morente, Ramón del Portugués, Guadiana, José Luis Montón y otros intérpretes de diferentes procedencias.

Las castañuelas ocuparon dentro de esta trayectoria un lugar cada vez más destacado. Corti no las utilizó únicamente como elemento rítmico integrado en la danza, sino que desarrolló una técnica y un lenguaje escénico que le permitieron presentarlas también en contextos de concierto. Esta faceta resulta especialmente visible a partir de sus colaboraciones con formaciones de música clásica.

En 2004 participó como solista en el proyecto Granada de la Philharmonie Baden-Baden, junto al tenor Héctor Sandoval y el guitarrista Pepe Justicia. El programa, dedicado a obras de la zarzuela española, dio lugar también a una grabación. La propia Philharmonie identifica a Nina Corti como intérprete de castañuelas y destaca específicamente su interpretación solista del Fandango de Doña Francisquita, de Amadeo Vives. El programa fue presentado en el Festspielhaus de Baden-Baden y posteriormente en conciertos benéficos para UNICEF en Berna y Basilea.

Otro momento fundamental de su trayectoria concertística fue su colaboración con el Carmina Quartet y el guitarrista Rolf Lislevand. En 2009 intervino en la grabación de Fandango, publicada por Sony Classical, que reunía obras de Haydn y Boccherini. Corti interpretó las castañuelas en el Fandango del Quinteto para guitarra y cuerdas n.º 4 en Re mayor, G. 448, de Luigi Boccherini. La grabación fue realizada en marzo de 2009 en el Castello di San Polo in Rosso, en Italia. La catalogación de la Bibliothèque nationale de France identifica expresamente a Corti como intérprete de castañuelas y, de manera significativa, la clasifica entre los intérpretes de idiófonos de percusión.

La colaboración con el Carmina Quartet no se limitó al registro discográfico. La propia Corti explica que interpretó en numerosas ocasiones el Fandango de Boccherini junto al cuarteto y a Rolf Lislevand. Su participación quedó así vinculada a una obra del repertorio clásico en la que las castañuelas desempeñan un papel esencial dentro del discurso musical.

La dimensión concertística de Corti aparece asimismo documentada en Londres. En 2016 participó en el programa Goyescas: Music in the Time of Goya, organizado por la Iberian and Latin American Music Society dentro del Echoes Festival y realizado en colaboración con el Instituto Cervantes y Acción Cultural Española. El programa reunía obras de Boccherini, Valledor, Fernando Sor, Scarlatti, Soler, Falla, Granados y otros compositores. El Instituto Cervantes la presentó expresamente como choreographer & castanets, mientras que la memoria de Acción Cultural Española la identifica como responsable de coreografía y castañuelas.

Su actividad con las castañuelas continuó en los años siguientes. En 2019 fue invitada como artista especial al Hong Kong City Hall, donde actuó junto al Hong Kong City Chamber Orchestra, dirigido por Andrew Sewell, y la guitarrista Sharon Isbin. En el programa figuraba nuevamente el Fandango de Boccherini, además de las Danzas rumanas de Bartók. En esta ocasión la propia Corti aparece acreditada como responsable del concepto, danza, coreografía, castañuelas y vestuario.

La prensa española la describía en 2017 como una bailaora flamenca suiza que posteriormente era concertista de castañuelas. No obstante, la documentación biográfica de la propia Corti muestra que su actividad artística permaneció estrechamente ligada a la danza y a la coreografía. 

Después de más de cinco décadas de actividad escénica, Corti continuó actuando y formando a nuevas generaciones. Entre 2021 y 2025 impartió cursos, talleres y clases particulares en su estudio de flamenco de Schaffhausen. En 2022 y 2023 celebró su cincuenta aniversario artístico y en 2024 ofreció sus últimos grandes conciertos en Zúrich, Wil y Schaffhausen. En diciembre de 2025 terminó la actividad docente regular de su escuela de flamenco, poniendo fin a una carrera internacional de aproximadamente cincuenta y cinco años.



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sábado, 10 de octubre de 2026

CASTAÑUELAS EN LA REVISTA ASTURIAS DE LA HABANA, 1914.

 



La fotografía que presentamos apareció en el número del 8 de noviembre de 1914 de Asturias: revista gráfica semanal, publicada en La Habana. La imagen, recuperada y comentada por Dani García de la Cuesta en su trabajo Gaiteros, tamboriteros, otros músicos y bailes na revista Asturias, La Habana, 1914-22, fechado el 7 de octubre de 2026, constituye un testimonio de interés para el estudio de la indumentaria, los instrumentos musicales y las representaciones de la cultura popular asturiana a comienzos del siglo XX.


El pie original identifica la escena con Pola de Lena y la describe como «Un septimino de neñas haciéndole muecas al fotógrafo». Sin embargo, en la imagen aparecen varias mujeres y hombres, por lo que no resulta fácil determinar si todos pertenecían a una misma agrupación, si coincidieron durante alguna celebración o si el fotógrafo reunió a personas vestidas con indumentarias de diferentes procedencias. El propio García de la Cuesta comenta esta cuestión, que conviene mantener abierta mientras no dispongamos de nuevos datos.

Los personajes y la indumentaria

Los retratados posan ante la cámara con una combinación de prendas que incluye camisas claras de cuello alto, chalecos oscuros, faldas, delantales, pañuelos y tocados. En los hombres destacan los sombreros y las prendas de apariencia rural; entre las mujeres encontramos distintas formas de cubrir la cabeza y los hombros, además de delantales y adornos que contrastan con las prendas más oscuras.

La variedad de los atuendos invita a examinar la fotografía con atención. Aunque el pie señala Pola de Lena, no podemos asegurar que todas las prendas correspondan a una única modalidad local de traje asturiano. Tampoco debemos descartar que se hayan reunido elementos de distintas zonas. La indumentaria popular, además, no permaneció inmutable: durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, determinadas prendas y combinaciones fueron adquiriendo nuevos significados como símbolos de identidad regional.

Los gestos de los retratados también forman parte del interés de la escena. Algunas personas miran directamente al objetivo, mientras que otras parecen adoptar una actitud más desenfadada, en consonancia con la referencia del pie de foto a las muecas. No estamos, por tanto, ante una imagen estrictamente ceremonial, sino ante un retrato colectivo cuyas circunstancias todavía merecen investigación.


Los instrumentos musicales: pandereta y castañuelas

Entre los objetos que aparecen en primer plano destaca una pandereta con sonajas, sostenida por una de las mujeres. Su bastidor circular y sus elementos metálicos permiten reconocer el instrumento, característico de numerosas prácticas musicales asturianas. La pandereta ha desempeñado un papel fundamental en el acompañamiento del canto y del baile, con una presencia especialmente importante de las mujeres en la interpretación y transmisión de los repertorios tradicionales.

Pero el detalle que más nos interesa es la presencia de lo que parecen ser castañuelas en las manos de varias mujeres. La calidad de la fotografía no permite examinar con precisión su forma, sus dimensiones ni sus sistemas de sujeción. Por ello, resulta prudente mantener esta identificación como probable, sin atribuirles un modelo concreto ni una procedencia local determinada.

En Asturias, las castañuelas forman parte de una tradición musical vinculada a diferentes bailes y danzas populares. Sus características y formas de ejecución presentan particularidades que merecen estudiarse atendiendo a las distintas zonas del territorio. También encontramos denominaciones como pitos y tarrañuelas, aunque no deben considerarse términos necesariamente equivalentes: su significado puede variar según el contexto y el instrumento al que se refieran.

Las castañuelas pueden ser tocadas por los propios bailarines, integrando el ritmo en la ejecución de la danza. En otras situaciones, el acompañamiento recae en instrumentos como la pandereta o el pandero. La presencia conjunta de estos elementos resulta especialmente interesante porque permite aproximarnos a la diversidad de recursos sonoros que participaban en las manifestaciones musicales tradicionales, aunque la fotografía no basta para reconstruir cómo se desarrollaba la música en esta ocasión concreta.

Las castañuelas asturianas en The World of The Castanets

Esta fotografía de 1914 no constituye un documento aislado dentro de nuestra investigación. En The World of The Castanets hemos reunido otros testimonios que permiten acercarnos a la presencia de las castañuelas en Asturias desde perspectivas diferentes.

Entre ellos varias colecciones institucionales y de coleccionistas privados, así como imágenes cinematográficas que conservan escenas de bailes tradicionales. La película Las aguas bajan negras, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1948, ofrece un testimonio visual de las danzas asturianas, mientras que Con la vida hicieron fuego, dirigida por Ana Mariscal en 1957, incluye escenas de bailes vaqueiros en las que aparecen castañuelas.

Son documentos de naturaleza y cronología diferentes, por lo que no deben interpretarse como una secuencia continua ni permiten establecer por sí solos la evolución del instrumento. Sin embargo, considerados conjuntamente, contribuyen a documentar su presencia en la cultura musical asturiana durante distintos momentos del siglo XX.

La fotografía publicada en La Habana aporta una perspectiva particular: nos sitúa ante una imagen anterior a esos testimonios cinematográficos y nos invita a prestar atención a un instrumento que, en ocasiones, queda relegado a un segundo plano frente a la indumentaria o a la propia representación del baile.


Una imagen de Asturias publicada en Cuba

La publicación de esta fotografía en La Habana añade otra dimensión a su interés histórico. Asturias: revista gráfica semanal difundía imágenes de la región entre los lectores de la emigración asturiana, contribuyendo a mantener y representar los vínculos culturales con el territorio de origen. La indumentaria, los instrumentos y las escenas de baile podían funcionar como signos reconocibles de una identidad compartida, incluso lejos de Asturias.

El trabajo de Dani García de la Cuesta permite volver sobre este material hemerográfico y prestar atención a imágenes que, más allá de su valor documental general, ofrecen información relevante para la historia de los instrumentos musicales. En nuestro caso, las castañuelas ocupan un lugar destacado: su presencia en una fotografía publicada en 1914 constituye un indicio que merece incorporarse a la investigación sobre sus usos y su representación en la tradición asturiana.

No conocemos la identidad de los retratados ni podemos atribuir con seguridad cada traje o cada instrumento a una localidad concreta. Tampoco sabemos qué baile, si lo hubo, estaba relacionado con la escena. Pero precisamente ahí reside parte del valor de esta fotografía: plantea preguntas sobre los músicos, los bailarines, la indumentaria y las formas de representar la cultura popular hace más de un siglo.

A veces, un pequeño instrumento apenas distinguible en una fotografía puede abrir una vía de investigación que conecta archivos, colecciones, películas y testimonios de épocas diferentes. Recuperar esos detalles y ponerlos en relación es también una forma de reconstruir la historia musical de Asturias.

Fuente de la imagen: Asturias: revista gráfica semanal, La Habana, 8 de noviembre de 1914, p. 15. Pie de foto: «Pola de Lena: Un septimino de neñas haciéndole muecas al fotógrafo».

Referencia complementaria: Dani García de la Cuesta, Gaiteros, tamboriteros, otros músicos y bailes na revista Asturias, La Habana, 1914-22, 7 de octubre de 2026.










viernes, 9 de octubre de 2026

Cristina Hoyos Panadero.

 
Bailaora, coreógrafa y actriz sevillana, nacida el 13 de junio de 1946. Su nombre está unido a algunas de las etapas fundamentales del flamenco escénico de la segunda mitad del siglo XX, primero junto a Antonio Gades y posteriormente al frente de su propia compañía. Dentro de esta trayectoria, las castañuelas o palillos ocuparon un lugar significativo en su manera de entender el baile.

Cristina Hoyos comenzó su formación siendo niña. A los doce años debutó en el espectáculo Galas Juveniles y entre sus maestros de baile figuran Adelita Domingo y Enrique «El Cojo». Tres años después comenzó a actuar en el tablao El Patio Andaluz de Sevilla, todavía sin haber alcanzado la edad legal para ejercer profesionalmente. En 1965 realizó su primera gran salida internacional, actuando durante seis meses en el Teatro del Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York. Al año siguiente se trasladó a Madrid, donde continuó su formación y trabajó en diferentes tablaos.

Fue precisamente durante estos primeros años cuando adquirió la técnica de los palillos. La propia Cristina Hoyos ha señalado a Adelita Domingo como su maestra en el manejo de las castañuelas. Esta referencia resulta especialmente significativa porque sitúa la enseñanza del instrumento dentro de su formación temprana como bailaora, antes de su incorporación a las grandes compañías de danza.

Los palillos estuvieron presentes desde entonces en su actividad profesional. Hoyos recuerda especialmente unas castañuelas fabricadas por Filigrana que utilizaba en sus primeros años en los tablaos. En una entrevista relata que una espectadora italiana quiso comprárselas después de verla actuar. Al principio se negó, pero finalmente aceptó cuando la mujer llegó a ofrecerle 3.000 pesetas, una cantidad extraordinaria para una artista que entonces ganaba alrededor de 100 pesetas por actuación. Con aquel dinero compró a su madre el primer frigorífico de la familia.

En 1969 Antonio Gades la incorporó a su compañía como pareja de baile. Durante aproximadamente dos décadas recorrieron escenarios de todo el mundo y protagonizaron algunas de las obras que marcaron la evolución del flamenco teatral y cinematográfico, entre ellas Bodas de sangre, Carmen y El amor brujo. Hoyos permaneció en la compañía hasta 1988.

Su relación con las castañuelas no desapareció con la evolución de su carrera hacia la coreografía. Al contrario, los palillos continuaron formando parte de su lenguaje escénico. Una entrevista publicada por la revista Luna del Cuyás describe a Hoyos interpretando con bata de cola y mantón y sacando un juego de palillos para realizar una secuencia en la que se pone de manifiesto su manejo de las castañuelas.

Esta utilización de las castañuelas debe entenderse dentro del baile y no como una carrera independiente de concertista. En la documentación consultada no aparece fundamento suficiente para definir a Cristina Hoyos como concertista de castañuelas en el sentido que puede aplicarse a intérpretes cuya actividad principal se desarrolla como instrumentistas solistas. Su importancia para la historia del instrumento es diferente: representa a la gran bailaora que integra los palillos en una concepción moderna del flamenco escénico y que mantiene una técnica personal de interpretación dentro de su baile.

Después de su etapa con Gades, Hoyos inició su propia trayectoria como directora y coreógrafa. Su compañía debutó en 1989 en el Festival de París con Sueños Flamencos, convirtiéndose posteriormente en la primera compañía de flamenco que actuó en la Ópera de París-Palais Garnier. En 1991 recibió el Premio Nacional de Danza y la Medalla de Andalucía, y en 1992 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 2003 asumió la dirección del Ballet Flamenco de Andalucía, donde desarrolló diferentes producciones coreográficas.

En sus últimos años de actividad escénica las castañuelas continuaron formando parte de su repertorio. En 2014, durante una conferencia en Buenos Aires titulada Mis antecesoras, el lado femenino del baile flamenco, interpretó, bailó y cantó; y su actividad posterior como coreógrafa siguió vinculada a la transmisión del lenguaje tradicional del baile.

Su relación con los palillos también quedó incorporada a la institución que creó en Sevilla. El Museo del Baile Flamenco, inaugurado en 2006, conserva y difunde diferentes aspectos de la historia del baile flamenco, y la propia Hoyos continúa vinculando las castañuelas con la formación de las nuevas generaciones de bailaoras. En una entrevista explica que sigue considerando los palillos parte del repertorio de las artistas que actúan en su tablao.

La trayectoria de Cristina Hoyos permite contemplar las castañuelas desde una perspectiva distinta a la del concertismo. Su aportación no consiste en haber separado el instrumento de la danza, sino en haberlo integrado en una concepción escénica del flamenco de enorme proyección internacional. Aprendidas en su juventud de Adelita Domingo, utilizadas desde sus primeros años en los tablaos y conservadas posteriormente dentro de su lenguaje artístico, las castañuelas forman parte de la historia personal de una bailaora que contribuyó decisivamente a llevar el flamenco a los grandes escenarios internacionales.




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miércoles, 7 de octubre de 2026

MARTÍN LÓPEZ, TOMÁS. Las castañuelas como instrumento solista.

 
Tomás Martín López (Madrid, 1970) pertenece a una generación de músicos que está explorando una posibilidad relativamente poco habitual en la historia de las castañuelas: tratarlas  como instrumento solista capaz de dialogar con una orquesta sinfónica.

Su trayectoria resulta particularmente interesante porque Martín llegó a las castañuelas desde la percusión clásica. No fue inicialmente un intérprete de castañuelas que se incorporase posteriormente a la música académica, sino un percusionista de formación orquestal que descubrió en ellas un instrumento con posibilidades mucho mayores de las que habitualmente se le atribuían.

FORMACIÓN COMO PERCUSIONISTA

Tomás Martín López nació en Madrid en 1970 y comenzó sus estudios musicales a los diez años en la Escuela Municipal de Música Manuel de Falla de Alcorcón. Posteriormente estudió en el Real Conservatorio de Música de Madrid, donde obtuvo el Premio Extraordinario de Fin de Carrera en 1993. Durante su formación recibió enseñanzas y participó en cursos y clases magistrales con percusionistas como Robert Van Sice, Keiko Abe, John Beck, Klaus Tressel, Steven Sick y Leigh Howard Stevens. En 1992 obtuvo una beca de la Comunidad de Madrid para ampliar sus estudios en el Sweelinck Conservatorium de Ámsterdam con Jan Putjens y Marinus Komst, solistas de la Orquesta del Concertgebouw.

Fue miembro fundador de la Orquesta de Estudiantes de la Comunidad de Madrid y del grupo Tabir Percusión Ensemble. Su trayectoria profesional se desarrolló fundamentalmente en el ámbito de la percusión orquestal y desde 1993 figura vinculado a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, donde ha desempeñado el puesto de Ayuda de Solista de Timbal/Percusión.

Paralelamente desarrolló una actividad docente. Fue profesor de Percusión en el Conservatorio Superior de Castilla y León y ejerció durante años como catedrático, además de desarrollar una especialización en ergonomía y prevención de lesiones musculoesqueléticas de los músicos. Es doctor por la Universidad de Valladolid y autor del libro Cómo tocar sin dolor, tu cuerpo tu primer instrumento.

Esta doble condición de músico y especialista en la fisiología del intérprete resulta significativa cuando se observa su posterior dedicación a las castañuelas, un instrumento que exige un trabajo muy preciso de los dedos, las manos y las articulaciones.


EL DESCUBRIMIENTO DE LAS CASTAÑUELAS

La historia de Tomás Martín como solista de castañuelas comenzó de una manera bastante circunstancial.

Según ha explicado el propio intérprete, una cantante le pidió que la acompañara en un concierto en el que se interpretaba el célebre dúo n.º 14 de Carmen, de Georges Bizet. Martín, como percusionista, tocó las castañuelas. Después de aquella interpretación recibió las felicitaciones del director Miguel Ortega y de la mezzosoprano italiana Anna Bonitatibus. Aquella reacción le llevó a considerar las posibilidades de las castañuelas desde una perspectiva diferente.

El episodio es importante porque marca una especie de cambio de perspectiva. Martín descubrió que las castañuelas podían proporcionarle como percusionista algo que el repertorio tradicional de la percusión orquestal no le ofrecía en la misma medida: la posibilidad de establecer una relación directa con una parte muy amplia de la música española, desde el repertorio barroco hasta el nacionalismo musical y la creación contemporánea.

Él mismo ha explicado que, a partir de entonces, comenzó a trabajar para llevar las castañuelas hacia la condición de instrumento solista.

DE LA PERCUSIÓN A LA CASTAÑUELA CONCERTANTE

La trayectoria posterior de Martín se ha desarrollado en buena medida alrededor de una pregunta: ¿qué puede hacer una castañuela cuando deja de desempeñar exclusivamente una función rítmica dentro de una obra y pasa a ocupar el lugar de un instrumento solista?

Su respuesta ha consistido, fundamentalmente, en buscar repertorio, trabajar con compositores y ampliar las posibilidades tímbricas y técnicas del instrumento.

En 2020 comenzó a desarrollar la CAMerata IberyCAS, formación que combina una agrupación de cuerda con las castañuelas como instrumento solista. La formación nació con la intención de recuperar y ampliar el repertorio camerístico español para esta combinación. La Orquesta Sinfónica de Castilla y León documentó ya en 2020 sus primeros conciertos y el estreno de obras destinadas a la formación.

Entre los compositores que han escrito obras dedicadas a Martín figuran Flores Chaviano, Joaquín Gericó, Israel López Estelche, María José Cordero y José Zárate. La documentación de la CAMerata y del propio intérprete sitúa estos estrenos entre 2020 y 2024.

No se trata únicamente de incorporar las castañuelas a obras ya existentes. En varios casos el instrumento ha condicionado la propia concepción de la obra, obligando al compositor a considerar sus posibilidades de articulación, velocidad, dinámica, timbre y color.


CUATRO ESCENAS DE LA SUITE ESPAÑOLA

Uno de los momentos fundamentales de esta trayectoria se produjo el 19 de septiembre de 2021, durante el 34.º Festival de Música Española de León.

En el Auditorio Ciudad de León, Tomás Martín actuó como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Jhoanna Sierralta. El programa incluía El sombrero de tres picos. Suite n.º 2, de Manuel de Falla, y, como novedad, Cuatro escenas de la Suite española para castañuelas y orquesta, de Isaac Albéniz/Flores Chaviano.

La obra partía de la música de Albéniz, originalmente concebida para piano, y Flores Chaviano realizó una nueva versión para castañuelas y orquesta. El proyecto había comenzado como una adaptación para la CAMerata IberyCAS y posteriormente se amplió para la plantilla sinfónica. Martín explicó que había propuesto el proyecto y que Chaviano aceptó realizar la orquestación específicamente para él.

La importancia de aquel estreno fue también histórica. Diversas fuentes musicales lo presentan como la primera nueva obra concebida para castañuelas y orquesta sinfónica después de un intervalo de aproximadamente cuatro décadas. La referencia anterior que se cita habitualmente es el Concertino para castañuelas y orquesta de Leonardo Balada, estrenado en 1981 para Lucero Tena.

Conviene, no obstante, formular esta afirmación con cierta cautela: se refiere al repertorio original para castañuelas y orquesta, no a todas las obras en las que las castañuelas pudieron intervenir durante ese periodo.


TRES PARES PARA UNA MISMA OBRA

Uno de los aspectos más interesantes de la interpretación de Martín aparece precisamente en la elección de las castañuelas.

Para Cuatro escenas de la Suite española, Martín utilizó tres pares diferentes. Unas fueron destinadas a Castilla y Sevilla, otras a Córdoba y otras a Asturias. La razón no era meramente estética: los distintos tamaños y pesos modificaban la respuesta del instrumento y permitían obtener diferentes texturas y colores sonoros.

El propio intérprete ha insistido en esta cuestión en otras ocasiones. Para determinadas obras camerísticas ha llegado a utilizar cuatro, seis o incluso más pares diferentes. En una entrevista de 2022 explicó que cada par tiene un peso y unas dimensiones diferentes, por lo que los dedos deben adaptarse rápidamente al cambio; comparó esta situación con la de tocar cada movimiento con un instrumento de cuerda diferente.

Esta observación permite comprender mejor el concepto de castañuela que utiliza Martín. El par de castañuelas deja de ser un objeto prácticamente fijo que acompaña al bailarín y pasa a convertirse en una elección tímbrica comparable, en cierto sentido, a la elección de diferentes registros, baquetas o instrumentos dentro de una sección de percusión.


UNA CASTAÑUELA PARA CADA COLOR

La información disponible sobre sus instrumentos permite identificar además una preferencia concreta.

Tomás Martín utiliza castañuelas Jale de granadillo negro, en tallas 5 a 8. Así aparece expresamente en su biografía profesional y en la documentación del Cartagena Festival de Música.

El fabricante identifica su modelo profesional de granadillo negro como una castañuela de Dalbergia melanoxylon, disponible en diferentes tallas y con diseño «con pico».

Martín ha explicado que prefiere el granadillo negro porque, según su experiencia, ofrece mayor potencia sonora. En el concierto de Cartagena de 2025 volvió a recurrir a tres pares diferentes para obtener distintos colores en la interpretación de Cuatro escenas de la Suite española.

Aquí aparece una cuestión particularmente interesante para la historia organológica de las castañuelas: el material y las dimensiones pasan a formar parte de la interpretación musical.


DOCE GOLPES Y CINCO REDOBLES

La búsqueda de nuevas posibilidades expresivas también ha llevado a Martín a trabajar sobre la técnica y la escritura de las castañuelas.

En 2022, al hablar de la Fantasía española para castañuelas y orquesta de vientos, de Joaquín Gericó, explicó que en su interpretación utilizaba una leyenda propia compuesta por doce tipos de golpes básicos y cinco tipos de redoble, desarrollada con la intención de ampliar la grafía disponible para la escritura de las castañuelas.

El dato es especialmente significativo. Una cosa es interpretar con castañuelas una obra cuya escritura presupone determinados recursos tradicionales, y otra distinta es intervenir en la ampliación del propio lenguaje técnico que el compositor puede utilizar al escribir para el instrumento.

La Fantasía española de Gericó, obra dedicada a Tomás Martín y registrada por el Archivo de la SGAE como composición para castañuelas y orquesta de cuerda, forma parte de ese nuevo repertorio.


ANTONIO SOLER: DEL BARROCO A LA ORQUESTA

La evolución de su repertorio ha continuado hacia atrás en el tiempo.

El 20 de marzo de 2025, en la Sala Thalia de Sibiu, Tomás Martín protagonizó junto a la Filarmónica Estatal de Sibiu el estreno de Sonatas (84–88) y Fandango para castañuelas y orquesta, a partir de música de Antonio Soler en versión orquestal de Flores Chaviano, bajo la dirección de Damiano Tognetti. La propia Filarmónica de Sibiu documentó el concierto y calificó la obra como estreno.

La elección resulta especialmente significativa porque permite establecer una relación entre las castañuelas contemporáneas y el repertorio histórico español sin pretender que la obra original de Soler fuese escrita para castañuelas. Lo que existe es una nueva adaptación orquestal y solística de música histórica.

Para esta interpretación Martín utilizó tres tipos diferentes de castañuelas, nuevamente con el propósito de adaptarse a las variaciones tímbricas de la partitura.


SEIS PARES PARA FALLA

En 2026 su trabajo llegó a un nuevo extremo de experimentación tímbrica con El mirlo blanco: seis danzas para castañuelas y orquesta.

La obra fue encargada por la Orquesta Filarmónica de Málaga dentro de las celebraciones del 150.º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla y se estrenó el 8 de julio de 2026 en el Castillo de Gibralfaro, con Sylvain Gasançon como director y Tomás Martín como solista.

La propuesta reúne seis danzas procedentes de diferentes obras de Falla: las danzas de la molinera y del molinero de El sombrero de tres picos, la Danza del terror y la Danza ritual del fuego de El amor brujo, y las danzas n.º 1 y n.º 2 de La vida breve.

Pero hay un detalle que vuelve a situar las castañuelas en el centro del proyecto: Martín utiliza un par diferente en cada movimiento, seis pares en total. La selección busca que cada danza posea un color propio.

Es probablemente una de las expresiones más claras de su concepción de la castañuela como instrumento musical susceptible de una verdadera paleta tímbrica.


LAS CASTAÑUELAS FRENTE A LA ORQUESTA

El trabajo de Tomás Martín tiene también una dimensión que trasciende la interpretación individual.

En sus declaraciones sobre el instrumento aparece repetidamente la idea de que las castañuelas han estado históricamente vinculadas al baile, al folclore y a determinados repertorios españoles, mientras que el modelo de concierto ha tendido a reservar el protagonismo solista a instrumentos como el violín, el piano o el violonchelo. Martín intenta modificar esa situación mediante la creación de repertorio específico.

El resultado es una transformación interesante del papel del instrumento. La castañuela deja de ser solamente el elemento que marca o refuerza el ritmo de una danza y pasa a asumir funciones melódicas, rítmicas, tímbricas y virtuosísticas dentro de una estructura concertante.

En este sentido, la experiencia profesional de Martín como percusionista orquestal resulta fundamental. Conoce desde dentro el funcionamiento de una orquesta, su equilibrio dinámico y sus problemas de proyección sonora. La castañuela se enfrenta así a un conjunto instrumental completo, y el intérprete debe conseguir que dos pequeñas piezas de madera tengan presencia suficiente para mantener un diálogo con decenas de músicos.


CAMerata IberyCAS

Una parte importante de este proyecto se articula alrededor de la CAMerata IberyCAS, fundada y dirigida por Tomás Martín.

La formación combina instrumentos de cuerda y castañuelas y está dedicada especialmente al repertorio español. En sus programas aparecen obras de Albéniz, Turina y otros compositores, junto con nuevas creaciones y adaptaciones destinadas específicamente a las castañuelas.

También ha grabado el disco Esencias, dedicado a la música española, junto a la Camerata Clásica de Ponferrada. Sus interpretaciones han sido difundidas por Radio Clásica, RTVE y el canal AllegroHD.


UNA NUEVA ETAPA PARA LAS CASTAÑUELAS

La trayectoria de Tomás Martín López presenta un interés especial desde la perspectiva de la historia de las castañuelas porque no se limita a recuperar un repertorio antiguo ni a reproducir el empleo tradicional del instrumento.

Su trabajo se desarrolla en tres direcciones simultáneas: interpretación, creación de repertorio y experimentación con el propio instrumento.

La interpretación le ha llevado a actuar como solista junto a orquestas como la Sinfónica de Castilla y León, la Filarmónica Estatal de Sibiu, la Sinfónica Siciliana y la Filarmónica de Málaga. En 2025 actuó además en el Cartagena International Music Festival de Colombia junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y Thierry Fischer.

La creación de repertorio se manifiesta en las obras dedicadas a él por compositores contemporáneos y en las nuevas orquestaciones de obras de Albéniz, Soler y Falla. Y la experimentación aparece de manera particularmente visible en el empleo de diferentes tamaños, pesos y pares de castañuelas para modificar el color de una misma obra.

En julio de 2026, con el estreno de El mirlo blanco, esta línea de trabajo alcanzó una nueva formulación: seis danzas, seis pares de castañuelas y una orquesta sinfónica completa.

Para The World of The Castanets, Tomás Martín López representa por ello un caso especialmente interesante de la castañuela contemporánea de concierto. Su importancia reside  en que su actividad está contribuyendo a modificar el lugar que la castañuela puede ocupar dentro de la música académica: de instrumento asociado fundamentalmente a la danza y al acompañamiento rítmico a instrumento capaz de asumir el papel de solista concertante.

Retrato a partir de una fotografía de José Castillo.


EL PRESENTE DE LAS CASTAÑUELAS
Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo





lunes, 5 de octubre de 2026

LAS CASTAÑUELAS EN L´ HARMONIE UNIVERSELLE DE MARIN MERSENNE.

 

Cuando Marin Mersenne publica en París la Harmonie universelle en 1636, las castañuelas aparecen ya descritas como un instrumento musical perfectamente reconocible y, sobre todo, como un instrumento estrechamente vinculado a la danza española.

La referencia resulta especialmente valiosa porque no se limita a mencionar su existencia: Mersenne describe su forma, su sistema de sujeción, los materiales empleados, la manera de tocarlas, su relación con la guitarra y hasta la posibilidad de formar conjuntos de castañuelas de diferentes tamaños.








EL MUNDO DE LAS CASTAÑUELAS

Las entradas de este Blog provienen de una antigua página publicada en internet en los años 90. En principio se pretende publicar los conte...