miércoles, 7 de octubre de 2026

MARTÍN LÓPEZ, TOMÁS. Las castañuelas como instrumento solista.

 
Tomás Martín López (Madrid, 1970) pertenece a una generación de músicos que está explorando una posibilidad relativamente poco habitual en la historia de las castañuelas: tratarlas  como instrumento solista capaz de dialogar con una orquesta sinfónica.

Su trayectoria resulta particularmente interesante porque Martín llegó a las castañuelas desde la percusión clásica. No fue inicialmente un intérprete de castañuelas que se incorporase posteriormente a la música académica, sino un percusionista de formación orquestal que descubrió en ellas un instrumento con posibilidades mucho mayores de las que habitualmente se le atribuían.

FORMACIÓN COMO PERCUSIONISTA

Tomás Martín López nació en Madrid en 1970 y comenzó sus estudios musicales a los diez años en la Escuela Municipal de Música Manuel de Falla de Alcorcón. Posteriormente estudió en el Real Conservatorio de Música de Madrid, donde obtuvo el Premio Extraordinario de Fin de Carrera en 1993. Durante su formación recibió enseñanzas y participó en cursos y clases magistrales con percusionistas como Robert Van Sice, Keiko Abe, John Beck, Klaus Tressel, Steven Sick y Leigh Howard Stevens. En 1992 obtuvo una beca de la Comunidad de Madrid para ampliar sus estudios en el Sweelinck Conservatorium de Ámsterdam con Jan Putjens y Marinus Komst, solistas de la Orquesta del Concertgebouw.

Fue miembro fundador de la Orquesta de Estudiantes de la Comunidad de Madrid y del grupo Tabir Percusión Ensemble. Su trayectoria profesional se desarrolló fundamentalmente en el ámbito de la percusión orquestal y desde 1993 figura vinculado a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, donde ha desempeñado el puesto de Ayuda de Solista de Timbal/Percusión.

Paralelamente desarrolló una actividad docente. Fue profesor de Percusión en el Conservatorio Superior de Castilla y León y ejerció durante años como catedrático, además de desarrollar una especialización en ergonomía y prevención de lesiones musculoesqueléticas de los músicos. Es doctor por la Universidad de Valladolid y autor del libro Cómo tocar sin dolor, tu cuerpo tu primer instrumento.

Esta doble condición de músico y especialista en la fisiología del intérprete resulta significativa cuando se observa su posterior dedicación a las castañuelas, un instrumento que exige un trabajo muy preciso de los dedos, las manos y las articulaciones.


EL DESCUBRIMIENTO DE LAS CASTAÑUELAS

La historia de Tomás Martín como solista de castañuelas comenzó de una manera bastante circunstancial.

Según ha explicado el propio intérprete, una cantante le pidió que la acompañara en un concierto en el que se interpretaba el célebre dúo n.º 14 de Carmen, de Georges Bizet. Martín, como percusionista, tocó las castañuelas. Después de aquella interpretación recibió las felicitaciones del director Miguel Ortega y de la mezzosoprano italiana Anna Bonitatibus. Aquella reacción le llevó a considerar las posibilidades de las castañuelas desde una perspectiva diferente.

El episodio es importante porque marca una especie de cambio de perspectiva. Martín descubrió que las castañuelas podían proporcionarle como percusionista algo que el repertorio tradicional de la percusión orquestal no le ofrecía en la misma medida: la posibilidad de establecer una relación directa con una parte muy amplia de la música española, desde el repertorio barroco hasta el nacionalismo musical y la creación contemporánea.

Él mismo ha explicado que, a partir de entonces, comenzó a trabajar para llevar las castañuelas hacia la condición de instrumento solista.

DE LA PERCUSIÓN A LA CASTAÑUELA CONCERTANTE

La trayectoria posterior de Martín se ha desarrollado en buena medida alrededor de una pregunta: ¿qué puede hacer una castañuela cuando deja de desempeñar exclusivamente una función rítmica dentro de una obra y pasa a ocupar el lugar de un instrumento solista?

Su respuesta ha consistido, fundamentalmente, en buscar repertorio, trabajar con compositores y ampliar las posibilidades tímbricas y técnicas del instrumento.

En 2020 comenzó a desarrollar la CAMerata IberyCAS, formación que combina una agrupación de cuerda con las castañuelas como instrumento solista. La formación nació con la intención de recuperar y ampliar el repertorio camerístico español para esta combinación. La Orquesta Sinfónica de Castilla y León documentó ya en 2020 sus primeros conciertos y el estreno de obras destinadas a la formación.

Entre los compositores que han escrito obras dedicadas a Martín figuran Flores Chaviano, Joaquín Gericó, Israel López Estelche, María José Cordero y José Zárate. La documentación de la CAMerata y del propio intérprete sitúa estos estrenos entre 2020 y 2024.

No se trata únicamente de incorporar las castañuelas a obras ya existentes. En varios casos el instrumento ha condicionado la propia concepción de la obra, obligando al compositor a considerar sus posibilidades de articulación, velocidad, dinámica, timbre y color.


CUATRO ESCENAS DE LA SUITE ESPAÑOLA

Uno de los momentos fundamentales de esta trayectoria se produjo el 19 de septiembre de 2021, durante el 34.º Festival de Música Española de León.

En el Auditorio Ciudad de León, Tomás Martín actuó como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Jhoanna Sierralta. El programa incluía El sombrero de tres picos. Suite n.º 2, de Manuel de Falla, y, como novedad, Cuatro escenas de la Suite española para castañuelas y orquesta, de Isaac Albéniz/Flores Chaviano.

La obra partía de la música de Albéniz, originalmente concebida para piano, y Flores Chaviano realizó una nueva versión para castañuelas y orquesta. El proyecto había comenzado como una adaptación para la CAMerata IberyCAS y posteriormente se amplió para la plantilla sinfónica. Martín explicó que había propuesto el proyecto y que Chaviano aceptó realizar la orquestación específicamente para él.

La importancia de aquel estreno fue también histórica. Diversas fuentes musicales lo presentan como la primera nueva obra concebida para castañuelas y orquesta sinfónica después de un intervalo de aproximadamente cuatro décadas. La referencia anterior que se cita habitualmente es el Concertino para castañuelas y orquesta de Leonardo Balada, estrenado en 1981 para Lucero Tena.

Conviene, no obstante, formular esta afirmación con cierta cautela: se refiere al repertorio original para castañuelas y orquesta, no a todas las obras en las que las castañuelas pudieron intervenir durante ese periodo.


TRES PARES PARA UNA MISMA OBRA

Uno de los aspectos más interesantes de la interpretación de Martín aparece precisamente en la elección de las castañuelas.

Para Cuatro escenas de la Suite española, Martín utilizó tres pares diferentes. Unas fueron destinadas a Castilla y Sevilla, otras a Córdoba y otras a Asturias. La razón no era meramente estética: los distintos tamaños y pesos modificaban la respuesta del instrumento y permitían obtener diferentes texturas y colores sonoros.

El propio intérprete ha insistido en esta cuestión en otras ocasiones. Para determinadas obras camerísticas ha llegado a utilizar cuatro, seis o incluso más pares diferentes. En una entrevista de 2022 explicó que cada par tiene un peso y unas dimensiones diferentes, por lo que los dedos deben adaptarse rápidamente al cambio; comparó esta situación con la de tocar cada movimiento con un instrumento de cuerda diferente.

Esta observación permite comprender mejor el concepto de castañuela que utiliza Martín. El par de castañuelas deja de ser un objeto prácticamente fijo que acompaña al bailarín y pasa a convertirse en una elección tímbrica comparable, en cierto sentido, a la elección de diferentes registros, baquetas o instrumentos dentro de una sección de percusión.


UNA CASTAÑUELA PARA CADA COLOR

La información disponible sobre sus instrumentos permite identificar además una preferencia concreta.

Tomás Martín utiliza castañuelas Jale de granadillo negro, en tallas 5 a 8. Así aparece expresamente en su biografía profesional y en la documentación del Cartagena Festival de Música.

El fabricante identifica su modelo profesional de granadillo negro como una castañuela de Dalbergia melanoxylon, disponible en diferentes tallas y con diseño «con pico».

Martín ha explicado que prefiere el granadillo negro porque, según su experiencia, ofrece mayor potencia sonora. En el concierto de Cartagena de 2025 volvió a recurrir a tres pares diferentes para obtener distintos colores en la interpretación de Cuatro escenas de la Suite española.

Aquí aparece una cuestión particularmente interesante para la historia organológica de las castañuelas: el material y las dimensiones pasan a formar parte de la interpretación musical.


DOCE GOLPES Y CINCO REDOBLES

La búsqueda de nuevas posibilidades expresivas también ha llevado a Martín a trabajar sobre la técnica y la escritura de las castañuelas.

En 2022, al hablar de la Fantasía española para castañuelas y orquesta de vientos, de Joaquín Gericó, explicó que en su interpretación utilizaba una leyenda propia compuesta por doce tipos de golpes básicos y cinco tipos de redoble, desarrollada con la intención de ampliar la grafía disponible para la escritura de las castañuelas.

El dato es especialmente significativo. Una cosa es interpretar con castañuelas una obra cuya escritura presupone determinados recursos tradicionales, y otra distinta es intervenir en la ampliación del propio lenguaje técnico que el compositor puede utilizar al escribir para el instrumento.

La Fantasía española de Gericó, obra dedicada a Tomás Martín y registrada por el Archivo de la SGAE como composición para castañuelas y orquesta de cuerda, forma parte de ese nuevo repertorio.


ANTONIO SOLER: DEL BARROCO A LA ORQUESTA

La evolución de su repertorio ha continuado hacia atrás en el tiempo.

El 20 de marzo de 2025, en la Sala Thalia de Sibiu, Tomás Martín protagonizó junto a la Filarmónica Estatal de Sibiu el estreno de Sonatas (84–88) y Fandango para castañuelas y orquesta, a partir de música de Antonio Soler en versión orquestal de Flores Chaviano, bajo la dirección de Damiano Tognetti. La propia Filarmónica de Sibiu documentó el concierto y calificó la obra como estreno.

La elección resulta especialmente significativa porque permite establecer una relación entre las castañuelas contemporáneas y el repertorio histórico español sin pretender que la obra original de Soler fuese escrita para castañuelas. Lo que existe es una nueva adaptación orquestal y solística de música histórica.

Para esta interpretación Martín utilizó tres tipos diferentes de castañuelas, nuevamente con el propósito de adaptarse a las variaciones tímbricas de la partitura.


SEIS PARES PARA FALLA

En 2026 su trabajo llegó a un nuevo extremo de experimentación tímbrica con El mirlo blanco: seis danzas para castañuelas y orquesta.

La obra fue encargada por la Orquesta Filarmónica de Málaga dentro de las celebraciones del 150.º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla y se estrenó el 8 de julio de 2026 en el Castillo de Gibralfaro, con Sylvain Gasançon como director y Tomás Martín como solista.

La propuesta reúne seis danzas procedentes de diferentes obras de Falla: las danzas de la molinera y del molinero de El sombrero de tres picos, la Danza del terror y la Danza ritual del fuego de El amor brujo, y las danzas n.º 1 y n.º 2 de La vida breve.

Pero hay un detalle que vuelve a situar las castañuelas en el centro del proyecto: Martín utiliza un par diferente en cada movimiento, seis pares en total. La selección busca que cada danza posea un color propio.

Es probablemente una de las expresiones más claras de su concepción de la castañuela como instrumento musical susceptible de una verdadera paleta tímbrica.


LAS CASTAÑUELAS FRENTE A LA ORQUESTA

El trabajo de Tomás Martín tiene también una dimensión que trasciende la interpretación individual.

En sus declaraciones sobre el instrumento aparece repetidamente la idea de que las castañuelas han estado históricamente vinculadas al baile, al folclore y a determinados repertorios españoles, mientras que el modelo de concierto ha tendido a reservar el protagonismo solista a instrumentos como el violín, el piano o el violonchelo. Martín intenta modificar esa situación mediante la creación de repertorio específico.

El resultado es una transformación interesante del papel del instrumento. La castañuela deja de ser solamente el elemento que marca o refuerza el ritmo de una danza y pasa a asumir funciones melódicas, rítmicas, tímbricas y virtuosísticas dentro de una estructura concertante.

En este sentido, la experiencia profesional de Martín como percusionista orquestal resulta fundamental. Conoce desde dentro el funcionamiento de una orquesta, su equilibrio dinámico y sus problemas de proyección sonora. La castañuela se enfrenta así a un conjunto instrumental completo, y el intérprete debe conseguir que dos pequeñas piezas de madera tengan presencia suficiente para mantener un diálogo con decenas de músicos.


CAMerata IberyCAS

Una parte importante de este proyecto se articula alrededor de la CAMerata IberyCAS, fundada y dirigida por Tomás Martín.

La formación combina instrumentos de cuerda y castañuelas y está dedicada especialmente al repertorio español. En sus programas aparecen obras de Albéniz, Turina y otros compositores, junto con nuevas creaciones y adaptaciones destinadas específicamente a las castañuelas.

También ha grabado el disco Esencias, dedicado a la música española, junto a la Camerata Clásica de Ponferrada. Sus interpretaciones han sido difundidas por Radio Clásica, RTVE y el canal AllegroHD.


UNA NUEVA ETAPA PARA LAS CASTAÑUELAS

La trayectoria de Tomás Martín López presenta un interés especial desde la perspectiva de la historia de las castañuelas porque no se limita a recuperar un repertorio antiguo ni a reproducir el empleo tradicional del instrumento.

Su trabajo se desarrolla en tres direcciones simultáneas: interpretación, creación de repertorio y experimentación con el propio instrumento.

La interpretación le ha llevado a actuar como solista junto a orquestas como la Sinfónica de Castilla y León, la Filarmónica Estatal de Sibiu, la Sinfónica Siciliana y la Filarmónica de Málaga. En 2025 actuó además en el Cartagena International Music Festival de Colombia junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y Thierry Fischer.

La creación de repertorio se manifiesta en las obras dedicadas a él por compositores contemporáneos y en las nuevas orquestaciones de obras de Albéniz, Soler y Falla. Y la experimentación aparece de manera particularmente visible en el empleo de diferentes tamaños, pesos y pares de castañuelas para modificar el color de una misma obra.

En julio de 2026, con el estreno de El mirlo blanco, esta línea de trabajo alcanzó una nueva formulación: seis danzas, seis pares de castañuelas y una orquesta sinfónica completa.

Para The World of The Castanets, Tomás Martín López representa por ello un caso especialmente interesante de la castañuela contemporánea de concierto. Su importancia reside  en que su actividad está contribuyendo a modificar el lugar que la castañuela puede ocupar dentro de la música académica: de instrumento asociado fundamentalmente a la danza y al acompañamiento rítmico a instrumento capaz de asumir el papel de solista concertante.

Retrato a partir de una fotografía de José Castillo.


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