Marcos Téllez Villar, activo en Madrid entre 1789 y 1794, es un artista particularmente interesante para la historia de la danza española. El Museo Nacional del Prado conserva una serie de seis estampas iluminadas, realizadas hacia 1790, dedicadas a distintos pasos de las seguidillas boleras: Pistolees, Campanelas, Embotadas, Atabalillos, Un pasar y Paseo de las seguidillas boleras.
Lo más valioso de estas estampas es que no representan simplemente personajes bailando, sino pasos concretos de una danza que se encontraba en pleno proceso de transformación. Las seguidillas, originalmente vinculadas a un ámbito popular, se habían convertido a finales del siglo XVIII en las seguidillas boleras, incorporándose progresivamente al repertorio escénico y a los gustos de las clases acomodadas. Téllez Villar documenta así un momento fundamental en la formación de la tradición del baile español.
Desde el punto de vista organológico y coreográfico, las estampas tienen además un enorme interés: la precisión con que se muestran las posturas corporales, los gestos de las manos, las posiciones de los brazos y la indumentaria permite aproximarse visualmente a la ejecución de aquellos pasos. Los títulos —Pistolees, Campanelas, Embotadas o Atabalillos— parecen conservar una terminología coreográfica que nos introduce directamente en el vocabulario del baile bolero.
Hay también una cuestión social especialmente significativa. Los personajes son majos y majas pertenecientes a las clases acomodadas, vestidos con una indumentaria que imita y reelabora la vestimenta popular. El Prado señala que cada paso aparece asociado a una indumentaria diferente, cuidadosamente representada. Esto convierte las estampas en documentos excepcionales no solo para la historia de la danza, sino también para la historia del vestido y para el proceso de construcción de una determinada imagen de "lo español".
En este sentido, Téllez Villar se sitúa en un momento crucial: la seguidilla está dejando de ser únicamente una manifestación popular para convertirse en uno de los fundamentos del repertorio bolero y, por extensión, de la imagen coreográfica de España que triunfará durante el siglo XIX. Las seis estampas del Prado constituyen, por tanto, un pequeño pero extraordinario repertorio iconográfico de ese proceso.