viernes, 2 de octubre de 2026

Tena, Lucero. Bailarina e intérprete de castañuelas.

 
María de la Luz Tena Álvarez, conocida artísticamente como Lucero Tena, nació en México y desarrolló la mayor parte de su carrera artística en España. Bailarina, bailaora e intérprete de castañuelas, su trayectoria está estrechamente vinculada a la evolución de este instrumento desde su tradicional función acompañante de la danza hasta su utilización como instrumento solista en el ámbito del concierto.

Su formación comenzó en México. Estudió ballet clásico con Nina Shestakova, vinculada al Ballet Ruso de Monte Carlo, y danza española con la bailarina madrileña Emilia Díaz. Con ella aprendió repertorio de danza española, folclore, escuela bolera y las obras de compositores españoles como Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Enrique Granados y Joaquín Turina. La propia Tena ha recordado también sus primeras experiencias con las castañuelas, instrumento que, según sus palabras, manejaba ya con facilidad desde niña.

En 1954, durante una gira de Carmen Amaya por México, Leonor Amaya, hermana de Carmen y participante en uno de los números del espectáculo, enfermó de hepatitis. Carmen necesitaba sustituirla en Capricho español de Rimski-Kórsakov y propuso para ello a Lucero Tena, que llevaba meses asistiendo a sus ensayos. Tena, que aún no había cumplido quince años, realizó así su primera incorporación a la compañía de Carmen Amaya.

En 1958 llegó a España, acompañada por su madre. Madrid se convirtió desde entonces en el centro de su actividad profesional. Fue contratada por Manuel del Rey en el Corral de la Morería, donde llegó a convertirse en primera figura y permaneció durante un largo periodo. Paralelamente desarrolló una carrera internacional, tanto como bailarina y bailaora como en espectáculos presentados en el extranjero dentro de las actividades culturales españolas. Tena ha recordado haber viajado en misiones culturales a numerosos países y haber llevado su espectáculo a escenarios de muy distintas características.

Durante estos años mantuvo las castañuelas estrechamente unidas a su actividad como bailarina. Sin embargo, progresivamente comenzó a contemplarlas desde otra perspectiva. La idea no consistía en separarlas de la danza española, sino en explorar sus posibilidades musicales fuera de ella. Mientras se encontraba nuevamente en México, durante una etapa en la que tuvo que atender a su padre enfermo, comenzó a experimentar con repertorio que no había sido escrito específicamente para castañuelas. Según su propio testimonio, escuchando música de Bach, Scarlatti y otros compositores empezó a plantearse la posibilidad de utilizar el instrumento como solista. El poeta León Felipe fue una de las personalidades del exilio español que conoció aquellas experiencias y la animó a continuar con el proyecto.

A partir de entonces se produjo la transformación fundamental de su carrera. Lucero Tena dejó de considerar las castañuelas únicamente como un elemento de acompañamiento de la danza para desarrollar una técnica y un repertorio específicamente concertísticos. Su propuesta incorporó el instrumento a obras de carácter clásico y a repertorios orquestales, utilizando sus diferentes posibilidades rítmicas y dinámicas. Ella misma ha explicado que su intención no era modificar la música para adaptarla a las castañuelas, sino tratar de encontrar en ellas todos los matices necesarios para seguir las indicaciones expresivas de la obra y del compositor.

Uno de los acontecimientos fundamentales de esta nueva etapa fue su relación con Joaquín Rodrigo. En 1966 el compositor escribió Dos danzas españolas, suite para castañuelas y orquesta, por encargo de Lucero Tena. La obra fue estrenada el 22 de junio de 1966 en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria, con Tena como intérprete. La documentación de la Fundación Joaquín Rodrigo recoge expresamente que se trata de una obra para castañuelas y orquesta y que fue encargada por Lucero Tena.

Este hecho tiene especial importancia en la historia del instrumento. Las castañuelas habían formado parte durante siglos de determinadas formas de danza y de numerosos repertorios populares y teatrales, pero la aparición de una obra concertante concebida expresamente para ellas y una intérprete dedicada a defenderlas en las salas de concierto abrió un campo diferente. Tena desarrolló desde entonces una carrera como solista acompañada por guitarra, piano u orquesta y actuó con numerosas formaciones sinfónicas internacionales. El Gran Teatre del Liceu documenta su trabajo con directores como Lorin Maazel, Mstislav Rostropóvich, Rafael Frühbeck de Burgos, Jesús López Cobos, Sergiu Comissiona, Franz-Paul Decker y David Afkham, entre otros.

Su actividad concertística la llevó a importantes escenarios europeos, americanos y asiáticos. Entre sus actuaciones documentadas figuran colaboraciones con la Orquesta Nacional de España, la Filarmónica de Israel, la Filarmónica de Londres, la Sinfónica de Vancouver, la Orquesta del Capitolio de Toulouse, la Sinfónica de Lyon, la Sinfónica de Jerusalén y otras formaciones. En años más recientes continuó actuando en importantes salas y festivales internacionales, entre ellos la Philharmonie de Berlín, el Teatro alla Scala de Milán y diversos festivales europeos.

Su actividad tampoco quedó limitada al repertorio específicamente compuesto para castañuelas. Una parte importante de su repertorio procede de la adaptación de obras españolas y europeas, desde el barroco hasta compositores de los siglos XIX y XX. La discografía conservada muestra esta amplitud: El barroco español en castañuelas, Palillos flamencos, Trémolo, Música española en castañuelas, Danzas españolas, Lucero Tena y la música popular en los tiempos de Goya, Homenaje a los grandes del baile y Lucero Tena y el mundo de García Lorca, entre otras grabaciones.

Entre sus registros destaca Lección de castañuelas, concebido además como material didáctico. El catálogo de la Fundación Joaquín Díaz conserva una edición de Hispavox en la que Tena aparece como intérprete y autora, acompañada por una orquesta dirigida por José María Franco Gil y por la guitarra de Víctor Monje «Serranito». El contenido incluye ejercicios, toques básicos, práctica del posticeo y variantes de los toques, además de un repertorio de piezas populares y clásicas.

Su relación con el flamenco tampoco desapareció con su dedicación creciente a las castañuelas. Durante su trayectoria trabajó con artistas como el cantaor Gabriel Moreno y los guitarristas Félix de Utrera, Aurelio Garci y Carmelo Martínez. La grabación Palillos flamencos, publicada por Hispavox en 1965, constituye uno de los testimonios de aquella etapa y presenta a Tena como «concertista de palillos», una denominación que resulta especialmente interesante para comprender cómo se describía entonces esta nueva faceta instrumental.

Su actividad artística ha recibido diversas distinciones. El Ministerio de Cultura la incluye entre las personalidades distinguidas con la Encomienda con Placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y la identifica como «bailaora y concertista de castañuelas». También ha recibido otras distinciones y reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos los relacionados con el Círculo de Bellas Artes, la Orden de Isabel la Católica y la ciudad de Valencia.

La carrera de Lucero Tena resulta especialmente significativa para la historia contemporánea de las castañuelas porque une dos mundos que tradicionalmente habían permanecido estrechamente relacionados pero que ella contribuyó a presentar también de forma diferenciada: el de la danza y el de la interpretación instrumental. Su experiencia como bailarina y bailaora le proporcionó el conocimiento de la técnica tradicional del instrumento, mientras que su posterior dedicación concertística la llevó a buscar nuevas posibilidades sonoras, técnicas y expresivas.

Más que hablar simplemente de una bailarina que toca castañuelas, su trayectoria permite hablar de una intérprete que convirtió las castañuelas en el centro de una carrera musical propia. Su presencia continuada en escenarios sinfónicos, su colaboración con compositores, directores y orquestas, la creación de repertorio específico y su extensa discografía forman parte de un proceso de transformación de la consideración artística del instrumento durante la segunda mitad del siglo XX.

Lucero Tena constituye, por ello, una figura imprescindible para comprender la historia reciente de las castañuelas. Su aportación no reside únicamente en el virtuosismo de su interpretación, sino en haber defendido durante décadas la posibilidad de escuchar las castañuelas fuera de su contexto habitual y de presentarlas ante el público como un instrumento capaz de sostener por sí mismo una interpretación concertística. Su trayectoria artística continúa vinculada a los escenarios internacionales; todavía en 2026 aparece programada como solista de castañuelas, entre otras actuaciones, en una Gala de Zarzuela de la Deutsche Oper de Berlín.



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