Atabalillos de las seguidillas boleras
Téllez Villar, Marcos
Aguafuerte
27,8 x 22,2 cm
Atabalillos de las seguidillas boleras, Marcos Téllez Villar, ca. 1790
La estampa Atabalillos de las seguidillas boleras, realizada por Marcos Téllez Villar hacia 1790, forma parte de una serie de seis estampas dedicadas a distintos pasos de las seguidillas boleras. Se trata de un aguafuerte iluminado, perteneciente a la colección del Museo Nacional del Prado.
La escena presenta a dos mujeres y un hombre ejecutando un paso de danza en un espacio abierto. La indumentaria, cuidadosamente representada, resulta especialmente significativa: aunque los personajes adoptan la apariencia de majos y majas, pertenecen al ámbito de las clases acomodadas que habían incorporado el gusto por lo popular como una manifestación de moda y distinción. La serie de Téllez Villar constituye, por ello, un interesante documento visual sobre la transformación de las seguidillas en un repertorio de danza codificado y socialmente prestigioso a finales del siglo XVIII.
El título puede inducir fácilmente a error si se interpreta «atabalillos» como el nombre de un instrumento musical. En esta estampa, sin embargo, el término designa un paso de las seguidillas boleras. De hecho, Téllez Villar utiliza en las distintas estampas de la serie los nombres de diferentes mudanzas o pasos: Paseo, Pistolees, Campanelas, Embotadas, Atabalillos y Un pasar. El propio Museo del Prado identifica esta obra como la número 3 de la serie.
La denominación «atabalillos» procede, por tanto, del vocabulario coreográfico de la danza. No debe confundirse con atabalillo, diminutivo de atabal, utilizado históricamente para designar determinados tambores o instrumentos de percusión. En el contexto de la estampa, el término funciona como nombre de una mudanza, y no como indicación de que los bailarines estén acompañados por pequeños atabales.
Esta interpretación queda reforzada por la continuidad del término en la tradición de la danza española: «atabalillos» sigue siendo actualmente el nombre de un paso de la Escuela Bolera, junto a pistoleas, embotados, campanelas y otras denominaciones heredadas del repertorio bolero.
Desde el punto de vista organológico, la estampa resulta particularmente interesante porque las castañuelas forman parte del código gestual de las seguidillas boleras, aunque su representación gráfica no siempre permita distinguirlas con absoluta nitidez.
En la imagen, las figuras femeninas mantienen las manos en posiciones características del braceo español, y se observan pequeños elementos en las manos que corresponden a las castañuelas o palillos con los que se ejecutaba el acompañamiento rítmico del baile. No se trata, por tanto, de un elemento decorativo añadido arbitrariamente por el grabador: las castañuelas estaban integradas en la práctica de estos bailes. Las fuentes sobre la tradición bolera señalan precisamente el toque de castañuelas como parte de la técnica, y la documentación coreográfica posterior conserva atabalillos entre los pasos ejecutados conjuntamente con dicho toque.
Hay además un aspecto especialmente interesante: el título identifica el paso, mientras que la imagen muestra el modo corporal de ejecutarlo y, simultáneamente, el uso de los palillos. De esta manera, la estampa no es únicamente una representación costumbrista, sino también una suerte de documento iconográfico de la práctica coreográfica de finales del siglo XVIII.
En este sentido, Atabalillos de las seguidillas boleras resulta especialmente valiosa para el estudio de las castañuelas: permite observar cómo, en el momento de formación de la tradición bolera, danza, braceo y toque de palillos constituían un conjunto inseparable, y cómo la iconografía contribuía a fijar visualmente unos pasos cuyo nombre, como atabalillos, ha llegado hasta la terminología de la Escuela Bolera actual.