SONIA AMELIO. Bailarina, pianista, coreógrafa, actriz y concertista de crótalos mexicana, nacida en Ciudad de México en 1941. Su trayectoria artística se desarrolló en torno a la relación entre la danza y la música, y de manera muy particular a la utilización de las castañuelas como instrumento de concierto.
Desde niña recibió una formación simultánea en música y danza. Según relató la propia Amelio a Elena Poniatowska, sus padres la llevaron con unos tres años y medio a las clases de música y danza de su hermana mayor. La niña terminó incorporándose a ellas y comenzó una formación que combinaría durante toda su vida el piano, la danza y posteriormente los crótalos. A los seis años ofreció su primer concierto de piano en el Palacio de Bellas Artes y, seis meses después, actuó como bailarina en el entonces Teatro Esperanza Iris, hoy Teatro de la Ciudad de México. Las fuentes institucionales mexicanas coinciden en esta precocidad y señalan que fue considerada una niña prodigio.
Su formación musical incluyó los estudios de concertista de piano en el Conservatorio Nacional de Música, realizados paralelamente a su formación como bailarina clásica. La disciplina adquirida durante aquellos años sería posteriormente fundamental para su concepción de las castañuelas, pues Amelio no las entendió únicamente como un elemento rítmico de la danza española, sino como un instrumento susceptible de asumir una función solista.
En el campo de la danza clásica estudió, entre otros, con Sergio Unger y Guillermo Keys. Más adelante entró en contacto con la danza española y estudió flamenco con la bailaora conocida como La Quica. Una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México sitúa posteriormente a Amelio dentro del grupo de bailarinas relacionadas con Domingo José Samperio y su proyecto de llevar las castañuelas al ámbito del concierto. La propia documentación académica señala que Samperio trabajó también con Lucero Tena y Pilar Rioja, formando parte las tres de una etapa decisiva en la transformación de la interpretación concertística de las castañuelas en México.
Es precisamente en este contexto donde comienza a adquirir importancia la figura de Sonia Amelio para la historia de las castañuelas de concierto. Su trayectoria no siguió exactamente el mismo camino que la de Lucero Tena o Pilar Rioja. Mientras estas últimas desarrollaron de manera muy destacada la relación entre danza española y castañuelas, Amelio orientó progresivamente su trabajo hacia la presentación de los crótalos como instrumento musical solista. Un documento biográfico de la época explica que su preparación musical fue la base de su propósito de incorporar las castañuelas a la orquesta sinfónica y de utilizarlas no solamente como acompañamiento percusivo, sino con una gama de matices propia de un instrumento solista.
Amelio realizó arreglos para castañuelas de obras pertenecientes al repertorio de grandes compositores. Entre los autores interpretados en su trayectoria aparecen Johann Sebastian Bach, Frédéric Chopin, Franz Liszt, Ludwig van Beethoven, Niccolò Paganini, Piotr Ilich Chaikovski, Nikolái Rimski-Kórsakov y Johannes Brahms. En sus conciertos podía combinar la interpretación de los crótalos con diferentes formas de danza, utilizando zapatos de punta, calzado duro o suave, y desarrollando coreografías propias. La Secretaría de Cultura de México documenta esta concepción de su trabajo y señala expresamente la combinación de danza y crótalos como característica de sus conciertos.
Su actividad como concertista quedó registrada también en los archivos de Radio Educación. El catálogo de la institución conserva la grabación de un concierto ofrecido por Sonia Amelio con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, dirigido por Antonio Tornero, cuya transmisión tuvo lugar el 10 de noviembre de 1979. El programa incluía obras de Barber, Bach, Benedetto Marcello, Sarasate y Grieg. La documentación identifica expresamente a Amelio como «crotalista (castañuelas)» y recoge una entrevista en la que habla de las obras a las que incorporaba los crótalos y de su concepción del instrumento como solista.
Su actividad concertística se extendió posteriormente a numerosos países. Las fuentes oficiales mexicanas documentan sus actuaciones como solista de crótalos con distintas formaciones internacionales, entre ellas las filarmónicas de Novosibirsk y Reutlingen y las orquestas sinfónicas de Sudáfrica, Matanzas, Colombia y Cuenca. También actuó con orquestas mexicanas, entre ellas las filarmónicas de Ciudad de México y Acapulco y la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí.
Una parte especialmente destacada de su relación con Rusia estuvo vinculada al compositor armenio Aram Jachaturián. Según la Secretaría de Cultura mexicana, Jachaturián le dedicó La viuda valenciana, obra que Amelio estrenó junto con solistas del Ballet Bolshói y del Ballet Clásico de Moscú. Posteriormente realizó diversas actuaciones en Rusia y, de acuerdo con la documentación oficial, llegó a ofrecer allí más de cuarenta conciertos.
En 2011 recibió en Moscú la Medalla Pushkin, concedida por el presidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvédev. La condecoración reconoce contribuciones en el ámbito de las artes y la cultura y, en el caso de Amelio, estuvo relacionada con su prolongada actividad artística y sus vínculos culturales con Rusia. La entrega tuvo lugar el 20 de junio de 2011 en la residencia presidencial de Gorki, según la documentación de la Embajada de México en Rusia.
Su actividad artística no se limitó a la danza y a los crótalos. También desarrolló una carrera como actriz y participó en películas, televisión y teatro. La Secretaría de Cultura mexicana señala que intervino en catorce películas y trabajó, entre otros, con Emilio Fernández, Toshiro Mifune, Sam Peckinpah y Alejandro Jodorowsky. Su primera película, Un dorado de Villa, dirigida por Emilio Fernández, le proporcionó además una Diosa de Plata como revelación femenina.
A partir de 1995 desarrolló la llamada «Cruzada Mundial del Arte por la Paz», iniciada en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. El proyecto se convirtió en una parte importante de su actividad posterior y llevó sus espectáculos y su mensaje a distintos países. Instituciones mexicanas continúan documentando esta actividad y en 2026 el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura volvió a reconocer públicamente su trayectoria dentro del ciclo Autobiografías Danzadas de Mujeres.
La importancia de Sonia Amelio para la historia de las castañuelas reside, por tanto, en una vía particularmente definida: la transformación de un instrumento tradicionalmente asociado a la danza española en un elemento susceptible de integrarse en el lenguaje del concierto. Su formación como pianista tuvo un papel fundamental en esta orientación. En lugar de limitar la castañuela a la función de acompañamiento rítmico de la danza, desarrolló arreglos y técnicas destinados a hacerla dialogar con la música sinfónica y con el repertorio de concierto. Las grabaciones conservadas por Radio Educación permiten comprobar que esta concepción no fue solamente una declaración biográfica, sino una práctica artística desarrollada ya en la década de 1970.
Sonia Amelio pertenece así a la generación de intérpretes que, durante la segunda mitad del siglo XX, contribuyó a consolidar una nueva consideración de las castañuelas dentro de la música de concierto. Junto a figuras como Lucero Tena y Pilar Rioja, aunque mediante una trayectoria artística propia, forma parte de la historia de la transformación de las castañuelas de acompañamiento de la danza en instrumento de interpretación concertística. Su actividad posterior, prolongada durante décadas, mantuvo unidas las dos vertientes que habían marcado su formación desde la infancia: la música y la danza.
EL PRESENTE DE LAS CASTAÑUELAS
Bailarines, concertistas e intérpretes de nuestro tiempo
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