La documentación biográfica disponible no permite establecer con seguridad sus fechas ni lugar de nacimiento y muerte. Su trayectoria está documentada desde 1834, cuando formó parte, junto con Dolores Serral, Francisco Font y Manuela Dubiñón, del grupo de bailarines españoles contratado para actuar en París. Camprubí y Serral alcanzaron especial notoriedad por sus interpretaciones del bolero y otras danzas españolas, despertando el interés de la crítica parisina. Théophile Gautier destacó en ellos una expresividad y una vitalidad que diferenciaba su manera de bailar de la técnica académica francesa.
Su actividad internacional continuó en los Países Bajos y, especialmente, en Dinamarca. En 1840 actuó en el Teatro Real de Copenhague junto a Dolores Serral, interpretando el bolero, la cachucha, el jaleo de Jerez, las manchegas y otras danzas. En una de las representaciones del bolero participó también August Bournonville, cuyo contacto con los bailarines españoles tuvo una influencia importante en su posterior concepción de la danza española.
Camprubí desarrolló además una importante actividad como director y coreógrafo. En 1862 dirigía una compañía de bailarines españoles vinculada al Teatro Real de Madrid que actuó con gran éxito en el Hippodrome de París. El grupo presentó, entre otras obras, La Flor de Sevilla. Durante esta estancia Édouard Manet realizó varios retratos de Camprubí y de los integrantes de la compañía. El Museo Nacional de Arte de Washington conserva su retrato grabado de 1862 y documenta su condición de coreógrafo y primer bailarín de la compañía.
La presencia de Camprubí en Barcelona está igualmente documentada en los años posteriores. La investigación de Carlos Cervelló sobre la vida escénica barcelonesa registra su contratación como primer bailarín y, durante la temporada 1861-1862, como director de la compañía coreográfica del Teatro Principal.