A comienzos del siglo XVIII, la danza europea experimentó un proceso de codificación que permitió fijar por escrito movimientos, pasos y desplazamientos que hasta entonces se transmitían fundamentalmente mediante la práctica.
En este
contexto se sitúa la obra de Raoul-Auger Feuillet,
cuya Chorégraphie ou l’art de décrire la dance par
caractères, figures et signes démonstratifs, publicada en París en
1700, constituye uno de los tratados fundamentales para comprender la notación
coreográfica de su tiempo