Domingo José Samperio, citado
también como Samperio Jáuregui, nació en Santander el 4 de agosto de 1901 y
falleció en Málaga en 1968. Fue castañuelista, guitarrista y profesor de danza
flamenca y de guitarra.
Tras la Guerra Civil española se estableció en la ciudad de México en 1939, donde desarrolló una actividad artística y pedagógica que lo situó en un lugar singular dentro del ámbito de la danza española y el uso escénico de las castañuelas en el siglo XX.
En México, Samperio fundó lo que denominó el “Nuevo Arte del Danzado con Castañuelas en Concierto”, expresión con la que definía una concepción del instrumento integrada plenamente en el hecho escénico y coreográfico, no limitada al acompañamiento rítmico tradicional. Esta formulación aparece recogida de manera explícita tanto en el Diccionario enciclopédico de música en México de Gabriel Pareyón como en Música y músicos en México de Simón Tapia Colman, y constituye uno de los pocos conceptos asociados directamente a su nombre en fuentes bibliográficas verificables.
Su labor como pedagogo resulta
especialmente relevante por la nómina de discípulas que pasaron por su
magisterio.
Pilar Rioja, nacida en Torreón en
1932, estudió danza en la ciudad de México con Domingo José Samperio, antes de
completar su formación en España. En entrevistas y semblanzas periodísticas
posteriores, Rioja recordó que fue Samperio quien la animó a explorar el uso de
las castañuelas en contextos musicales menos habituales, particularmente en
relación con repertorios barrocos italianos y españoles. Esta línea de trabajo
se reflejó más tarde en su carrera internacional como bailarina, tañedora de
castañuelas y coreógrafa, y en su participación en producciones
músico-teatrales como La vida breve de Manuel de Falla, obra en la que
su trabajo escénico alcanzó especial reconocimiento.
Concierto para castañuela y orquesta de Joaquín Rodrigo, y destacó igualmente por su interpretación de La vida breve, que grabó con la Orquesta Sinfónica de Cincinnati bajo la dirección de Jesús López Cobos. La presencia de Samperio en su formación inicial lo sitúa, por tanto, como un referente pedagógico en la génesis de esa proyección concertante del instrumento.
Las fuentes periodísticas mexicanas consultadas en búsquedas anteriores coinciden en presentar a Samperio no como una figura pública de primer plano, sino como un maestro decisivo en el ámbito de la enseñanza y de la experimentación artística.
En estos textos aparece descrito como un formador exigente, interesado en dotar a las castañuelas de un papel expresivo más amplio dentro de la danza, y como un impulsor de propuestas escénicas que integraban técnica instrumental y discurso coreográfico.
Tras ofrecer durante años numerosos recitales en distintos foros de la República Mexicana, Domingo José Samperio regresó a España, donde falleció en 1968. No se conservan, al menos en las fuentes accesibles, publicaciones teóricas, métodos impresos ni grabaciones firmadas por él. Su legado se articula fundamentalmente a través de la transmisión oral y pedagógica, y queda documentado de manera indirecta en las trayectorias de figuras como Pilar Rioja y Lucero Tena, así como en las menciones recogidas en obras de referencia sobre la música y la danza en México.
Desde un punto de vista
historiográfico, Samperio aparece así como un eslabón discreto pero significativo
en la historia moderna de las castañuelas, no tanto por una obra escrita o un
repertorio propio conservado, sino por su papel como maestro y por la
formulación de una idea —el danzado con castañuelas en concierto— que encontró
continuidad y proyección internacional en sus discípulas.
Pareyón, Gabriel. Diccionario enciclopédico de música en México. 2 vols., 2ª ed. Guadalajara, Jalisco, México: Universidad Panamericana, 2007.